¿Podrá el PP sobrevivir a Mariano Rajoy?

Schumpeter empezó su ensayo sobre el futuro del capitalismo (publicado en 1942) preguntándose si el capitalismo tenía algún futuro; tras expresar sus reservas sobre el complejo arte de la prognosis el economista austríaco concluía que no parecía posible la supervivencia del capitalismo, que la superioridad del socialista parecía evidente… no obstante, advirtió de la capacidad de regeneración y renovación de aquel capitalismo; de manera que No, pero quizá SI.

La misma pregunta puede ser pertinente ahora referida al partido del Gobierno, ese PP recreado por José María Aznar a finales del pasado siglo, que desde 2004 encabeza Mariano Rajoy, registrador de la propiedad en excedencia, que perdió dos elecciones generales, aparentemente las tenía ganadas, para ganar a la tercera con mayoría absoluta, en una situación de emergencia económica. Hoy le falta un año para completar el mandato cuatrienal. Ganó hace tres años, inició un programa de reformas y ajustes económicos con un decreto ley a la semana que acreditaba decisión, pero hoy parece definitivamente varado en la arena, agotado.

En enero del 2013 Rajoy tropezó con las cuentas reservadas del PP que gestionaba y custodiaba su tesorero Luis Bárcenas, al que los jueces y fiscales descubrieron unas cuentas en la banca suiza. Desde ese momento Rajoy no ha dado pie con bola, huyendo de la realidad de las cuentas Bárcenas y sus circunstancias, el presidente Rajoy se empecinó en negar la realidad confiando que, como en otras ocasiones, los jueces archivarían o extraviarían la causa.

Ni se ha archivado ni se ha extraviado (aunque todo es posible) y se ha ido llevando por delante a dirigentes políticos populares de distintos territorios, enajenando una buena parte de la base de electores. Tanto que el PP que superaba el 40% de la intención de voto hace dos años, se ha desplomado a menos del 25% y sigue bajando.

¿Cuál es el suelo que puede dinamitar un partido que fue capaz de concentrar todo el voto de la derecha y buena parte del centro y crear la mayor estructura de militantes del mapa político español? Los ascensos son tan emocionantes como deprimente el descenso. En el PSOE lo saben bien, desde la agónica y catastrófica última legislatura de Felipe González (1993-96) los socialistas, que fueron hegemónicos durante más de una década (1982-94), perdieron espacio y posición de poder, incluso durante el paréntesis Zapatero, una oportunidad brindada por la arrogancia de Aznar y el terrible atentado del 11M. La regeneración del PSOE todavía es posible, va a necesitar mucho tiempo, quizá Pedro Sánchez no va a ser el salvador, incluso puede que nunca vuelvan al poder con su actual denominación. El PP no va por otro camino, incluso puede que su caída sea más rápida y dramática que la del PSOE por múltiples razones.

A Rajoy le queda un año de legislatura para detener la sangría de votos, y son más los que estiman que será un año basura, inútil para la recuperación que requiere decisiones más radicales que la gestión ordinaria de los asuntos de gobierno. La defensa que Rajoy hizo ayer en el parlamento de su exministra Ana Mato, tras destituirla de forma fulminante unas horas antes, resultó patética, inconsistente.

Tal y como están las cosas el PP puede no sobrevivir a Rajoy, la hipótesis de que ambos se irán a la reserva y el ostracismo el año 2015 gana posibilidades, incluso dentro del propio PP no son pocos los dirigentes que estiman que se impone un Congreso de refundación urgente que abra la puerta a unas elecciones antes que las municipales y las catalanas que pueden ser letales para el PP.

Pero Rajoy no tiene carácter para anticiparse, nunca lo ha hecho, es de los que prefieren esperar por si no pasa lo temido o algo cambia las circunstancias. No es probable que cambia hasta la derrota final que puede llevar a la desaparición, que no a la regeneración.