Mas y el partido SI-SI

Mañana Artur Mas, ejerciendo de presidente de Cataluña ante un millar de personajes de la sociedad catalana, avanzará los primeros pasos de la nueva estrategia por la independencia. Existen pocas dudas acerca del punto intermedio de esa estrategia: unas elecciones autonómicas bajo la denominación de plebiscitarias (según el DRAE, 2ª acepción: consulta que los poderes públicos someten al voto popular directo para que apruebe o rechace una determinada propuesta sobre soberanía, ciudadanía, poderes especiales etc.) que serán otra de esas trampas del lenguaje tan frecuentes en la estrategia independentista. Ese tipo de plebiscitos también tropieza con la Constitución, en ausencia de acuerdo con el Gobierno del España. Pero a estas alturas del partido la Constitución no es un límite para el señor Mas, más bien es un estorbo.

Convocar elecciones autonómicas forma parte de las competencias del presidente de la Generalitat, de manera que habrá elecciones y en ellas se dilucidará la composición de un nuevo Parlamento catalán y la posibilidad de que actúe como agente promotor de la Declaración Unilateral de Independencia (DUI). La estrategia de ERC pasa por unas elecciones municipales que conformen una amplia mayoría de ayuntamientos independentistas decididos a promover la DIU. En el fondo en lo mismo aunque con distinta composición y protagonistas.

Artur Mas ya ha desbordado su propio partido CDC, abrasado por sus fracasos electorales y por el desastre Jordi Pujol, al que su sucesor aun espera proporcionar una salida airosa. El proyecto del presidente requiere de una lista unitaria por la independencia que supere las siglas tradicionales, encabezada por él y por buena parte de la nueva dirección de CDC. El partido del presidente, el del doble SI al estado catalán y a su independencia. El partido de Artur Mas. Va a resultar que el más chavista de los políticos españoles no va a ser Pablo Iglesias sino la burguesía catalana, profundamente unitaria y patriótica.

Esta misma semana el presidente Rajoy tendrá que responder al táctico y astuto Artur Mas, que, por ahora, le va ganando por goleada. A Rajoy y al resto de los políticos españoles les toca ahora una doble tarea, por un lado articular una propuesta que movilice e interese a esa mayoría de catalanes que todavía no son independentistas (entre el 40 y el 60% según las encuestas) pero que muchos de ellos no se sienten representados ni motivados por los viejos partidos. Además sería conveniente que antes de que sea tarde empiecen a exponer con mucho detalle y más pedagogía las razones por las cuales a los catalanes les trae cuenta seguir integrados en España. Una trabajo por hacer.

En el caso escocés los unionistas tardaron en reaccionar y tuvieron que acelerar a última hora para explicar los riesgos de la independencia. Aquí el nacionalismo catalán lleva tres décadas de ventaja en ese debate, y los unionistas españoles apenas han empezado a concretar los argumentos y a experimentar el debate. Artur Mas es un adversario notable, va ganando la partida, aunque le faltan votos para la recta final; espera conseguirlos por sus astucias y, sobre todo, por los errores adversarios que por ahora no han parado de cometer.