La querella y las mentiras

La querella que en su momento presente la Fiscalía contra el Presidente y dos consejeros de la Generalitat abre otra causa de confrontación en la “cuestión catalana” que reforzará el argumentario de los independentistas y la conclusión “con España no se puede, mejor fuera y lejos”. Los del apaciguamiento, entre ellos el PSOE concluyen que la querella es un error, que hay que reunirse y discutir. Y Rajoy insiste en que está dispuesto a negociar pero no bajo la premisa de aceptar las condiciones de los otros. De manera que no hay salida, por ahora y con esta tropa.

La estrategia de los independentistas, desde hace tiempo, pasa por la agitación y la insurrección, entre otras razones por la pasividad del Gobierno español, amurallado tras el texto de la Constitución interpretado con linealidad y sin otras variantes para abrir posibilidades.

Muriel Casals, presidenta de Ómnium Cultural señaló en Madrid el miércoles que los catalanes protagonizan la “revolución de la sonrisa” y que sus manifestaciones multitudinarias son una fiesta, una coreografía con gente emocionada. Por tanto mezcla de sentimientos, emociones, política, táctica, astucia, derecho… complejo galimatías y revuelto de pasiones e intereses.

A la Fiscalía no le quedaba otra oportunidad que la querella, no hacerlo suponía introducir la táctica política en sus decisiones, por encima del principio de legalidad. Artur Mas buscaba la querella para reforzar su liderazgo y el victimismo con el que cursa su (neo) independentismo. Quizá confiaba en que el Gobierno pararía al Fiscal, que no asumirían el riesgo de la querella. En cualquiera de los supuestos ganaba algo; si no había querella, imponía los hechos, y si llegaba se revestía de víctima y escenificaba la imposibilidad del diálogo con esta gente de Madrid. Lo que el Gobierno pudiera pretender es un enigma, depende de cada día, cada interlocutor o cada circunstancia. El PSOE está claro que no quiere querellas, solo negociar algo.

En este contexto lo que resulta inconsistente es la argumentación que, por ejemplo Frances-Marc Alvaro expone en La Vanguardia ayer. La querella impuesta a los fiscales catalanes… “ilumina de forma descarnada que la separación de poderes en España es pura ficción…” la misma argumentación que sostuvieron los líderes de ERC desde que se empezó a debatir la querella.

El argumento es falso, y también es ofensivo para España y los españoles. La democracia española es joven, inmadura, pero la separación de poderes existe, la sostiene la Constitución, y en este caso y circunstancia la Fiscalía ha actuado por su propio criterio y conciencia (no tanto los fiscales del Superior de Cataluña, preñados de táctica, oportunismo y escapismo). Los falsos argumentos, las mentiras, envenenan, dudo que ayuden a cualquier causa, aunque sirvan para inflamar. La democracia a España llegó con la Constitución de 1978, por voluntad de los españoles, y también una autonomía con autogobierno en Cataluña más amplio que nunca antes; aunque no sea suficiente para algunos anhelos.

La señora Casals sostuvo en Madrid el miércoles que en España hay poco pluralismo y que ella aspira al pluralismo catalán. Pues que santa Lucía le conserve la vista. El pluralismo español o madrileño se aprecia solo con mirar, por ejemplo, la cartelera de teatro o los kioscos y las librerías. Muriel Casals habla de oídas, imagina que en Madrid solo hay unos españolistas uniformados; quizá viaja poco y no ve más allá de su horizonte físico.

El cálculo catalán de si les viene a cuenta formar parte de España es legítimo, por lo mismo puede que tampoco les interese ser contribuyentes netos de Europa. Estos son argumentos serios, que merece la pena debatir con fundamento, con datos bien sustentados, contrastables. La señora Casals dice que sin proteccionismo a los catalanes pudo irles mejor; estoy seguro. Como de que también les hubiera ido mucho mejor al resto de españoles, pero los que lo defendieron venían de Barcelona y los demás tenemos derechos a pasarles cuenta. Y puesto a números y balanzas también hay que ver la comercial y la financiera.

Junqueras dice que SEAT se instaló en Barcelona por voluntad de FIAT; no se ha enterado, lee poco; antes de que FIAT decidiera invertir en España, Franco había decidido que la planta fuera a Barcelona. Son cosas de las dictaduras, las fábricas se ponen donde dice el dictador, que en este caso dijo Barcelona y no Valencia o Málaga, que eran hipótesis interesantes.

Como diría un paisano, mentiras las justas, ni una más.