El Gobierno NO cumplió con su función

Sostiene Mariano Rajoy que el Gobierno cumplió con su función ante los hechos del 9 de noviembre en Cataluña. Pero con los datos sobre la mesa se puede sostener que el Gobierno NO cumplió con su función, no fue coherente con sus propios actos. Y no lo hizo porque tras someter dos veces al Constitucional la ilegalidad de las dos convocatorias de consulta, la explícita y la aparentemente tácita, y la aceptación, sin entrar en más materia, por el máximo tribunal de la demanda, al Gobierno correspondía impedir la violación de la legalidad. No lo hizo, el Ministerio del Interior miró a otro lado, nadie requirió a la Generalitat ante su activa y decisiva participación en la convocatoria. Si el Gobierno se amarró a la política, a la oportunidad y el apaciguamiento, a la hipótesis de que Artur Mas no pisaría el territorio de la ilegalidad, erró en el diagnóstico y se quedó alelado cuando debió exigir el cumplimiento de la ley.

Con esa actitud débil, ambigua, el Presidente de la Generalitat decidió ir más lejos, ocupar más territorio, desbordar a los que le empujaban, para llegar incluso a la jactancia de asumir todas las responsabilidades de lo actuado el 9N. El asombro del mundo no será por la querella de la Fiscalía, sino por la inhibición del Gobierno. Una consulta como la que propone Mas puede caber (muy pactada) en el Reino Unido, también en España (doctrina Rubio Llorente), pero no es nada probable que pudiera producirse en Alemania, Francia, Italia… El pretendido derecho a decidir es extraño, un buen eslogan vacío de contenido, porque los catalanes y los demás españoles han ejercido su derecho a decidir en muchas ocasiones durante los últimos 37 años.

Los jueces dirán lo que estimen oportuno en cumplimiento de ley una vez que la querella de la Fiscalía entre en el juzgado; el Superior de Cataluña tiene que admitir la querella (no hacerlo sería un escándalo internacional) y obrar en consecuencia, instruir primero y sentenciar después, sin escudarse en los efectos políticos; esa es asignatura para otros. La conveniencia política, la oportunidad, el clima social palidecen ante el imperio de la ley, que es esencial en democracia. Si las leyes no sirven, o están superadas, hay que cambiarlas por los procedimientos previstos, pero no burlarlas.

Los socialistas muestran una asombrosa debilidad en cuanto al principio del imperio de la ley, están por el apaciguamiento y el relativismo, quizá imaginan que así debilitan al PP, como imaginaron que debilitaban a CiU cuando asumieron la bandera de redactar un nuevo Estatuto más soberanista. La aventura les estalló en sus narices y en las de todos. El oportunismo en política puede dar resultados inmediatos, pero antes o después se paga, los electores castigan el tacticismo.

El Gobierno Rajoy-Santamaría no ha sido más coherente que el PSOE. No ha entendido a los catalanes, ni ha valorado el llamado proceso, ni ha acertado en sus previsiones: va por detrás de los acontecimientos, como pollo sin cabeza, y ha incentivado la audacia de los independentistas con los que no ha debatido ni contrapuesto argumentos. El Gobierno NO ha cumplido su función, está desbordado, ni entiende la realidad, ni se entera de lo que se le viene encima. Y el PSOE está por uvas.