El mérito decae frente a la obediencia

Muñoz Molina publicó el domingo 9 de noviembre en “la cuarta” de El País uno de los artículos más lúcidos de estos días: “La corrupción y el mérito” con la tesis central de que el demérito, el partidismo, en la provisión de empleos públicos, el arrinconamiento de los funcionarios profesionales, ha contribuido a la corrupción y al descrédito de la democracia, de la política y de la propia Constitución. Días antes el profesor Garicano sostenía que la crisis y la corrupción han abierto un abismo por el que se desliza el problema catalán y la aparición de nuevos partidos revolucionarios, aunque disimulen. Pedía el relevo de Rajoy para que un nuevo gobierno afronte las amenazas.

Son dos posiciones tan concluyentes como certeras. La falta de idoneidad de buena parte de los nombramientos de los últimos gobiernos, de los dos partidos, cada gobierno peor, explican en buena medida la débil  respuesta a la crisis económica, la creciente decadencia de las instituciones, el agotamiento de la  propia democracia y de la Constitución. Como ejemplo de la catástrofe sirve el caso de las cajas ahorro, trufadas de políticos incompetentes aunque capaces de corromper a los directivos competentes que había en las cajas.

Salir del bucle del pesimismo y la decadencia (un fenómeno que no es nuevo en España) pasa por una regeneración moral y política, con una etapa inicial e intensa en los partidos políticos a los que hay que restar poder e influencia en la cobertura de cargos públicos. Los partidos no pueden ser agencias de colocación de amigos y deudos, el mérito tiene que ser la referencia esencial para designar servidores públicos, especialmente en órganos reguladores, tribunales de contratación etc.

No parecen que vayan por ese cauce las preferencias e intenciones del gobierno, todo lo contrario. El viernes el consejo de ministro designó como presidenta del nuevo Consejo de Transparencia y Buen Gobierno, fruto de la decepcionante Ley de Transparencia a Ester Arizmendi, funcionaria de carrera, técnica de administración civil del estado con el currículum oficial que reseño al final. No conozco a la señora Arizmendi, es probable que sea una excelente funcionaria de carrera, pero ¿cumple los requisitos razonables para la función que se le encomienda?, ¿cabe esperar  independencia de criterio?, ¿conoce la materia? Sospecho que no pasaría el test de idoneidad ante una comisión seria (no las de Esperanza Aguirre con sus alcaldes), carece de experiencia en la asignatura de la independencia.

De manera que seguimos en las mismas. El profesor Jesús Fernández Villaverde ha escrito en (http://nadaesgratis.es) varias notas sobre la idoneidad de los miembros de otras comisiones independientes, especialmente la de Mercados y Competencia (CNMC) y la gemela del mercado de valores (CNMV). Ha repasado los currícula y la obra publicada de sus miembros y la cosa sale bastante mal. Esta semana ha husmeado en los currícula de los miembros de un Tribunal de oposiciones a Técnicos comerciales y el resultado tampoco es estimulante. (http://nadaesgratis.es/?p=40647)

Para la regeneración revalorizar el mérito es esencial, seguir entregando a los partidos capacidad para designar de entre los suyos miles de asesores y de cargos altos e intermedios de la administración es el mejor camino a esa corrupción e incompetencia morfológica que está arruinando nuestra democracia.

http://www.lamoncloa.gob.es/consejodeministros/referencias/Paginas/2014/refc20141114.aspx#ester