Despropósitos

El profesor Rubio Llorente, muy citado estos días por unos y otros para arrimar el ascua a su sardina, titulaba su último artículo en La Vanguardia (el pasado lunes) “Despropósitos” en plural, para caracterizar el actual enredo a cuenta de la consulta-referéndum catalán. El profesor está jubilado de casi todo, aunque mantiene la cabeza limpia para razonar sobre lo que le venga en gana, cada vez más académico y distante. Como somos vecinos nos encontramos por el barrio; hace poco días me dijo que trabaja en la cuestión de la desigualdad, que repasa textos alemanes y norteamericanos sobre la materia que le parece de la mayor actualidad. Creo que está en el camino correcto, la creciente desigualdad es un tema capital de la actualidad, especialmente para sociedades como las europeas, la española (y por supuesto la catalana).

Si al presidente Mas le preguntaran por este tema de la desigualdad, probablemente diría que con la consulta se podría resolver el problema, que la autonomía y el estado catalán es el camino para remediar los males. Una respuesta pertinente podría ser mandar al infierno al desnortado político catalán, pero no es políticamente correcto semejante descortesía.

El profesor Rubio Llorente, uno de los mejores intérpretes de la letra y el espíritu de la Constitución, ha sostenido que con voluntad y negociación política inteligente el referéndum catalán es posible sin modificar la Constitución, pero eso requiere la premisa de la inteligencia, que brilla por su ausencia en estos tiempo tan propensos a la trampa y la simulación.

Artur Mas y quienes le empujan sostienen que no proponen un referéndum, que solo se trata de una consulta no vinculante, para saber qué piensa la gente. Si fuera tan sencillo, tan normal, servirían unas encuestas bien diseñadas con una base amplia y suficiente. De hecho esas encuestas existen con series largas. Y una nueva muy matizada y detallada, es mucho más precisa que un referéndum a palo seco, con una pregunta doble y excluyente, que permitiría conocer la opinión de la gente con riqueza de matices. Como además no es vinculante, la encuesta resulta más cómoda, más barata y más interesante que el enredo de un referéndum.

Pero esto va de despropósito en despropósito. Se quejan de que el Tribunal Constitucional ha ido muy rápido, cuando simplemente ha recibido un recurso presentado en tiempo y forma y lo ha admitido sin añadir nada. Pretender que ha sido diligente porque está invalidado, porque no hay separación de poderes es argumento tan estúpido e insustancial que no merece comentarios. Supongo que quienes lo esgrimen saben que es ridículo, que lo hacen porque se sienten actores de un esperpento al modo de la exitosa obra “Ocho apellidos vascos”. Si van en serio el tema sería más preocupante.

Una prueba de que saben lo que se traen entre manos es que después de calificar de antidemocrático e incluso ilegal la suspensión del decreto de consulta, indican a los funcionarios que no contribuyan al referéndum para evitarse problemas. Desde luego que estamos ante despropósitos sucesivos y esperpénticos. La pretensión de Artur Mas y sus animadores de que el nuevo estado catalán resolverá los problemas de la gente es excesiva. Y no conducir este problema hacia una zona de negociación inteligente quiere decir que los guionistas de Madrid y de Barcelona están secos, que quizá fuera bueno pasar por unas elecciones que renueven el repertorio.