España y Portugal en socorro de Europa

Rajoy hizo un alto en su descanso de estío para comentar los temas de actualidad y reiterar el discurso de que España crece y crecerá más en el futuro. Lo hizo con ese tono serio, algo cansino, que utiliza últimamente, gestos de gobernante fatigado tras un esfuerzo extraordinario. Coinciden la declaración del presidente (sin preguntas) con unos datos nada tranquilizadores sobre el desempeño económico de la zona euro, con Alemania e Italia con amenaza de recesión (sus economías decrecieron dos décimas el pasado trimestre) y Francia estancada. La foto del trimestre otorga a Portugal y España la condición de líderes en la recuperación con crecimiento del 0,6%, para ambos países.

Podríamos hablar ahora de la revancha de los PIGS, o de algunos de ellos. Y reconocer que el  ministro de Hacienda Cristóbal Montoro cuando advertía que la economía española asombraba al mundo por su crecimiento. Aunque esas  muestras de asombro no sean perceptibles más allá de algunos comentarios elogiosos y corteses.

Extrapolar de los datos de crecimiento trimestral del PIB un patrón de crecimiento y un liderazgo0 del mismo es ir demasiado lejos. No es nada probable que las economías de España y Portugal puedan convertirse en locomotoras de Europa en la actual coyuntura, más bien al revés, si los grandes clientes de España no crecen, es malo para ellos pero nada bueno para nosotros, en el inmediato futuro.

La debilidad europea preocupa a los gobiernos y al Banco Central Europeo que ha puesto bastante de su parte para evitar una nueva recesión. ¿Qué posición va a sostener ahora el Bundesbank con Alemania en negativo? ¿Cambiará su posición restrictiva en el consejo del BCE? Con estos datos una de las estrategias posibles pasa por debilitar el euro para estimular las exportaciones, pero no es tan simple como parece ni está libre de otras consecuencias. Los problemas de Europa, especialmente de Francia e Italia, son más de fondo, no se resuelven con política monetaria.

De momento recurren a la excusa de la crisis con Rusia, a las incertidumbres geopolíticas vinculadas al caso Ucrania. Pero es un argumento insuficiente. Los recíprocos embargos Rusia-UE son de este trimestre, el tercero,  no del segundo, de manera que las causas tienen otro origen. Alemania tendrá que asumir un papel más activo para la recuperación propia y europea, tendría que incentivar su propio consumo interno, reequilibrar su superávit, por propio interés.

Hasta finales de año la Comisión Europea  presidida por Juncker no tomará posesión y el discurso de investidura del nuevo presidente empieza a estar desfasado. España no puede ser locomotora del euro, es uno de los furgones del tren que tendrá que circular a la velocidad del conjunto, de manera que conviene moderar las expectativas y no confundir la música de los caballitos con la potencia de la máquina tractora.