Recuperación: Draghi la ve gris, “desequilibrada”

El primer jueves de mes el BCE y el Banco de Inglaterra toman decisiones de política monetaria y las explican. A partir de ahora el BCE se propone espaciar las reuniones programadas, para reducir el riesgo de comparecencia, y hacerlas cada seis semanas. En realidad las comparecencias importantes suelen ser escuetas y fuera de programación, cuando ocurre algo imprevisto, alguno de esos cisnes negros que colapsan la vida económica y política.

Ayer Draghi anunció que el BCE mantiene la política monetaria “acomodaticia” (es decir activa y beligerante) que aplica para evitar otra recaída en recesión, la tercera en siete años. Advirtió que tras las medidas de junio (dinero barato y abundante) el crédito empieza a moverse y la recuperación se nota. “moderada, continua pero desequilibrada”. Como es habitual el banquero central tiende a ser cenizo, más aun en estos tiempos inciertos. Aprecia los desequilibrios, teme que las buenas noticias y tendencias cambien de sentido a poco que se tuerzan o encuentres resistencias.

En esta ocasión el presidente del BCE teme por los riesgos geopolíticos, por las crisis de Ucrania, Libia, Irak, Gaza… que pueden afectar a los precios de la energía y a las condiciones del desenvolvimiento económico, del comercio, la inversión y la confianza. Para ayudar Draghi anuncia que los tipos bajos van a durar, en expresión de Rajoy, que vinieron para quedarse.

El conflicto con Rusia afecta a la Unión Europea y a las expectativas de crecimiento, y ese es un dato sobrevenido, sobre el que caben pocas escapatorias. Cuando llegue el invierno los hidrocarburos rusos se convierten en estratégicos para Europa, especialmente para el centro del continente, y desde el oeste no es posible sustituir, a medio plazo, los flujos del este. El factor energético es primer rubro de la balanza de pagos española y afecta a todo lo demás, incluido el coste de la deuda que hoy supone un gran alivio para el déficit público y externo.

Si Draghi lo ve gris dejarse llevar por el optimismo voluntarista (la recuperación vino para quedarse e ir a más) puede ser una apuesta ganadora a corto plazo, pero también tropezarse con una bandada de cisnes negros y grises que den otra vuelta de tortilla a las expectativas. Hasta las elecciones de mayo del 2015 queda mucho por recorrer y difícil de estimar. Conviene ir con el cinturón abrochado, Draghi avisa.