Felices pero cabreados

Él barómetro del CIS aprecia que los españoles se sienten felices (en la escala de 0 a 10, recoge una media por encima de 7), pero cabreados, con una percepción de una situación política y económica mala o muy mala para el 80%. Las encuestas mensuales del CIS son termómetro fiable del estado de opinión de los españoles, una instantánea que sirve para entrar en detalles con otros sondeos y análisis más desagregados e ilustrativos.

El barómetro revela a lo largo de la crisis que la percepción de la situación económica y política es desastrosa, el 80% la califica de mala o muy mala y solo el 2% estima que es buena o muy buena. Y eso es así desde hace varios años. El paro, real o temido, es la principal causa del malestar, seguido de la corrupción y la incompetencia de los políticos, que aunque no es lo mismo pueden andar cerca, puede haber suma de tontos y golfos, que es la peor de las hipótesis, un juego de resta, perder-perder.

Carlo Cipolla, demógrafo e historiador muy reputado, expuso las leyes de la estupidez humana. La tercera, ley de oro, señala que estúpida es la persona que causa daño a otros, sin obtener provecho por ello, incluso obteniendo perjuicio para sí mismo; y sostiene que los estúpidos (5ª ley) son más peligrosos que los malvados. La ignorancia, que puede acompañar a la estupidez, explicar los males más que la malicia.

La misma encuesta del CIS ha introducido recientemente una pregunta sobre el sentimiento de felicidad de los encuestados con una escala de 0 (completamente infeliz) a 10 (completamente feliz). El resultado de julio coloca la media en 7 (¡notable!) sin diferencias apreciables en el espectro ideológico de los encuestados. De manera que los españoles son más felices que infelices, pero están cabreados y ven la situación mal o muy mal. Sin embargo  la situación personal y familiar, según los últimos barómetros, es buena o muy buena para una cuarta parte de los encuestados, regular para la mitad y mala o muy mala para el cuarto restante.

Como resumen razonable, aunque discutible, puede servir que la sociedad española muestra alto potencial de mejora, los ciudadanos confían más en sí mismos que en quienes les dirigen, que en el colectivo, lo cual puede tener arreglo relativamente fácil, por ejemplo cambiar de dirigentes.