Política eléctrica, de patinazo en patinazo

El sector eléctrico español se ha ido construyendo a lo largo de décadas con eficacia industrial y desastre político. España ha aprovechado desde el punto de vista técnico el agua el carbón, lo nuclear, los hidrocarburos, las energías renovables en sus distintas manifestaciones… y el sector funciona. Otra cuestión son las cargas políticas añadidas, gobierno tras gobierno, con distintas intenciones pero con un fondo permanente: confusión. En un debate privado reciente entre expertos y no expertos del sector eléctrico a la pregunta inquisitiva e insidiosa de uno de los no expertos: ¿pero quién manda sobre las eléctricas? Tras una pausa y varias miradas uno de los expertos dijo: “la ignorancia”. Y bien pensado puede tener bastante razón. Desde la ignorancia se ha dictado decretos, estrategias, políticas, con objetivos a corto plazo, tópicos y trampas.

Estos días se han producido dos noticias que merecen explicaciones. Primero fue la alemana Eon, una potencia europea que sabe del negocio, que quiso entrar en España, que lo hizo finalmente con una inversión y posición menor, decide irse de España, vende su negocios, no entienden el negocio local. Algo debe indicar esa decisión.

Y esta semana los italianos de ENEL, que compraron Endesa aprovechando el cruce de confusiones y torpezas que rodearon los intentos de fusiones (amistosas y hostiles) de las empresas nacionales, deciden trasladar el valor de Endesa a la matriz segregando su negocio internacional. Nada que objetar a las decisión de ENEL, hacen lo que les interesan. Pero bastante que objetar a la política de Industria (etapa Zapatero) que entregó Endesa a ENEL por razones incomprensibles así como al papelón codicioso de Acciona (Entrecanales) en esta aventura.

También esta semana la macro Comisión de la Competencia salva la cara al Ministerio de Energía dictaminando que quizá hubo alguna irregularidad en la famosa subasta de diciembre que tanto escándalo produjo y que dio al traste con el modelo vigente (que no era bueno) de tarifas. El ministro denunció manipulaciones que se han quedado en irregularidades y que suena a un claro ejemplo de la subordinación de los reguladores al ejecutivo. Así se desnaturaliza el modelo, y para ese viaje no hace falta regulador, basta una dirección general del ministerio.

El sector eléctrico está sobrado de políticas y de políticos ignorantes y pretenciosos que llegan al Ministerio declarando que lo van a arreglar en un pis-pas y que con el paso del tiempo sigue desarreglado. La producción legislativa para desarreglar el sector eléctrico es abrumadora además de comprensible solo para especialistas muy atentos a la jugada. Desembrollar esa madeja parece una labor titánica, pero el primer paso sería no enredar más, intentar volver al principio, reconocer los costes, aparcar los sobrecostes y amortizar los excesos. Es una tarea pendiente para el próximo Gobierno, éste ya ha desarreglado bastante.