“Una democracia avanzada… como pocas”, sostiene Rajoy

Respondía el martes el Presidente del Gobierno en el Senado a la interpelación tópica y típica del portavoz socialista con otra intervención tan tópica y típica como la primera. Me llamó la atención una frase de Rajoy: la nuestra es “una democracia avanzada, como hay pocas”. Supongo que no había ironía, que el Presidente sostiene lo que dijo, que España dispone de una “democracia avanzada como hay pocas”. ¿Cree el Presidente lo que dice?… pues que santa Lucía le conserve la vista. Si lo cree apañados vamos, porque la nuestra es una democracia bastante averiada y basta con repasar la actualidad y la realidad, la literatura académica y el debate político.

España tiene un problema principal y crónico, la incapacidad de generar empleo suficiente para satisfacer la demanda de la población residente. Es un problema objetivo sobre el que damos muchas vueltas y pocas decisiones relevantes. Pero a renglón seguido, seguramente con mucha incidencia en el primer problema, aparece la desconfianza política y la corrupción política e institucional que alcanza principalmente a los partidos pero también el entorno institucional que va de la justicia a la patronal y los sindicatos.

La nuestra es una democracia muy inmadura aunque ha conseguido cierta estabilidad y sorprendente normalidad. Pero los viejos vicios del caciquismo, el amiguismo, el enchufismo, la arbitrariedad (todos ellos incompatibles con las democracias maduras). El mismo día que Rajoy sostenía la tesis de la “democracia madura” conocíamos algunos detalles de la composición del Tribunal de Cuentas, órgano fiscalizador del gasto público.

Del tribunal de Cuentas se habla muy poco, entre otras razones por la escasez e inutilidad de su trabajo, siempre retrasado y siempre inocuo. El Tribunal ha sido históricamente también con el régimen anterior, y el anterior del anterior, un balneario para beneficiar a algunos amigos con modesta ambición y pocas ganas de trabajar.

El evidente nepotismo acreditado en el Tribunal, especialmente en su ámbito sindical, es incompatible con una democracia avanzada; y si se diera el caso la respuesta democrática, por vergüenza y decencia además de por obligación legal, sería inmediata. El Parlamento debería haber abierto por iniciativa propia o a instancia del ejecutivo una investigación. Y en el propio Tribunal, donde habrá muchas personas dignas y responsables, tendrían que haberse procedido dimisiones, críticas, disculpas… con carácter inmediato.

Nada de eso ha ocurrido, el Presidente del Tribunal comparecerá algún día en el Parlamento y dará una explicación para salir del paso, puede incluso que alguien tenga que pagar el pato, pero lo habitual es que no pase nada, un rato de olas y luego calma chicha. Si Gürtel, los EREs y la Formación solo producen montañas de papel judicial, y ya veremos… lo del Tribunal es una menor cuantía. Por eso hablar de democracia avanzada son ganas de molestar. Esta es una democracia muy averiada, decadente y a la baja.