Indemnizaciones desfiscalizadas: un error de cálculo

El discurso del ministro de Hacienda discurre por dos carriles, hay que bajar los tipos de los impuestos y hay que ampliar las bases impositivas. Es de lo más ortodoxo, cualquiera que piense o sepa del tema estará, básicamente, de acuerdo. La fiscalidad moderna (y la antigua) propone impuestos sencillos, claros, generales y recaudatorios. Además se pueden pretender objetivos sociales (que paguen más los que más tienen, es decir progresividad) y económicos (generar incentivos a la productividad, al ahorro, a la inversión…) Pero estos objetivos tienen algunos peligros y consecuencias no buscadas, en unos casos por distorsión del incentivo y en otros por estímulo al fraude.

Ampliar las bases tributarias tienen dos caminos, el primero combatir el fraude, intentar que todas las rentas pasen por retención y declaración. Y el segundo taponar los agujeros fiscales que han dejado el IRPF como un queso gruyère. Por ejemplo, este ministro fiscalizó los premios de lotería que estaban ajenos al impuesto, que eran rentas que antes no tributaban, ni siquiera se declaraban. Y ahora pretende hacer otro tanto con las indemnizaciones por despido improcedentes.

El razonamiento es correcto, son rentas como el salario, la pensión, el subsidio de paro y la subvención del plan PIVE. Y si todo esto forma parte de la base imponible y tributable, ¿por qué no la indemnización del despido improcedente? Entre otras razones porque desfiscalizar esa renta incentiva el despido improcedente. Otra cuestión es el tipo impositivo, puede ir de cero a la escala ordinaria, con una parte exenta o con tratamiento de renta irregular o como renta del ahorro. Todo eso es discutible.

Pero el Gobierno ni lo ha explicado, ni ha razonado su oportunidad. Lo ha opuesto en la ley y ha mirado a otro lado. Y se ha armado, se ha convertido es asunto capital de la reforma. El secretario de Estado ha empezado a disimular y a quitar importancia al tema, dice que es cosa de poco, que con las franquicias propuestas, su efecto es pequeño. Pero no hay datos conocidos y, además, si tiene poco efecto ¿para qué cambiarlo?

Es curioso que decisiones que tienen justificación, que son coherentes, se enreden de manera que parecen una agresión intolerable, otra malvada vuelta de tuerca a los más débiles. Hasta los más afines al Gobierno se quejan; en esta medida Cristóbal Montoro va a tener poco apoyo, a pesar de que puede tener razón. Puede incluso que se convierta en amenaza descalificatoria al conjunto y que tenga que dar marcha atrás a lo largo del debate de la ley. Ensanchar las bases tributarias tiene sentido; hay que hacerlo, pero requiere un buen relato y no ocultarlo vergonzosamente. La rebaja de impuesto de Rajoy/Montoro no empieza tan bien como pretendían, aparecen agujeros en el discurso que pueden complicar la operación político-electoral que está en el nacimiento de esta ley.