El enigma de Felipe Rey de España

De Felipe Borbón Grecia, Felipe VI, sabemos mucho y no sabemos nada. Conocemos su vida con detalle desde que nació, casi todas sus andanzas, incluidas algunas leyendas. Son bastantes los españoles que han tenido oportunidad de cambiar algunas palabras e impresiones con él, le hemos escuchado en actos oficiales y le hemos visto en no pocos escenarios de todo tipo. Pero ¿cómo piensa?, ¿qué se propone?, ¿qué prefiere?, ¿quién le influye?, ¿de quién se fía? Todas son preguntas con unas respuestas que empiezan con “bueno, pues….” Un enigma. Y bueno es que lo sea, el Rey que hoy inaugura su función ha dicho en muchas ocasiones que el modelo sirve mientras sirva, que la corona se sostiene por la utilidad.

El procedimiento del relevo ha tenido al Parlamento, a las Cortes generales que representan la soberanía nacional que pertenece al pueblo español, como centro neurálgico. La firma en Palacio de la ley que habilita la retirada del Rey, la abdicación, tiene el precedente de mala firma del Tratado de adhesión a las Comunidades Europeas, probablemente la decisión estratégica más relevante de la democracia constitucional, que satisfacía las aspiraciones mayoritarias de los españoles tras el régimen autoritario de Franco.

Lo más importante ocurre esta mañana en el Congreso que sirve de sede de las Cortes Generales (título III de la Constitución) que son las que legitiman que Felipe sea el Jefe del Estado. Del discurso del Príncipe no se sabe casi nada; ¿quién ha propuesto los textos?, ¿a quién se le ha pedido? El gobierno ha conocido el texto, pero no sabemos nada más.  Fuentes fiables apuntan que el  nuevo Rey se ha tomado muy en serio su discurso y lo ha repasado, matizado, retocado e interiorizado. Sabe que va a ser analizado con microscopio, incluidos los gestos, el tono y los énfasis.

Hay razones para que tenga algún párrafo en catalán, gallego y vascos, como las hay para que todo discurra en castellano y que el Príncipe use las otras lenguas cuando visite las comunidades en las que se hablan. No conviene esperar del nuevo Rey lo que no está en su mano, no puede intervenir en la política partidista, ni en los grandes debates que corresponden a políticos y ciudadanos, pero el Rey es “símbolo de unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones…” (Artículo 56 de la Constitución), pero definir el alcance de “arbitrar y moderar” tiene su arte, su enredo y no pocas dificultades. Felipe VI tiene que encontrar su estilo, su talante, sin  mirar atrás. Su padre gestionó otras circunstancias, con objetivos precisos que no coinciden con los que corresponden al actual contexto español.

Dicen que el Rey visitará Marruecos en primer lugar y luego tiene una larga lista de viajes; quizá donde primero debería ir es a Bruselas, que es la otra capital de España, nuestro espacio natural, donde más intereses españoles se ventilan y donde más falta hace reforzar el papel de España en el mundo. El enigma Felipe empieza a descorrerse esta mañana, tiempo al tiempo.