El relevo: y el undécimo, no estorbar

El relevo de un Papa en vida fue uno de los acontecimientos del año 2013; a Benedicto XVI le sucedió Francisco y la convivencia de ambos Papas ha funcionado sin problemas; ambos se respetan y el saliente ha asumido el papel que se autoasignó cuando tomó la decisión de dar un paso atrás; ha sabido no estorbar. El mismo año dos monarquías democráticas y parlamentarias, las de Holanda y Bélgica, hicieron lo mismo, aunque con la ventaja de disponer de precedentes y el argumento de la edad (75 años en el caso holandés y 79 en el belga).

En todos los casos los relevos han sido ordenados y con respeto a los procedimientos; y el transcurso posterior solo ha conocido incidentes menores en el caso belga por las explicaciones que el rey Alberto ha querido dar a la opinión pública sin advertirlo a su sucesor. En resumen que todos estos relevos han cumplido el undécimo mandamiento no escrito pero muy recomendable, de que quien deja, voluntariamente o a la fuerza, un cargo relevante debe NO ESTORBAR.

La experiencia española en cuanto a relevos de Presidentes del Gobierno es irregular. Suárez montó otro partido; Calvo Sotelo no rompió un plato, al margen de unas memorias irónicas, inteligentes, en las que hizo algunos ajustes de cuentas; Felipe González ha utilizado distintos trajes, desde el de la rabia, a la colaboración pasando por la distancia, la crítica y la ironía, el viejo dinosaurio sigue presente cuando sus sucesores despiertan. Aznar ha estorbado cuanto le ha parecido, que ha sido bastante, ejerciendo su libertad y sus malas pulgas. Zapatero es silente hasta en sus leves Memorias. La prueba ahora es para el rey Juan Carlos, una incógnita y un libro abierto.

La voluntad del Rey es no estorbar, de hecho los actos de estos días parecen presididos por ese criterio, el Rey saliente va a hacer acto de presencia mínimo, lo inevitable: Esta tarde para firmar la ley que habilita la abdicación. Un acto que merece imágenes aunque sean mudos. Mañana tiene que imponer al nuevo Rey el rango militar que le corresponde como jefe supremo del ejército, también es acto inevitable o muy recomendable, ya que ningún otro puede escenificar el ascenso. También aparecerá en el balcón del palacio, una foto turística no preceptiva, aunque va bien a la solemnidad. Alguno dirá que allí se asomaba Franco para los aplausos, pero no es lo mismo.

El Rey no estará en el Congreso en el acto de designación o proclamación del nuevo Rey. Algunos sacan punta a este hecho y especulan con las razones, pero me parece que es correcto, lógico; el Rey abdicó ante el Parlamento que aceptó esta decisión y la hizo buena hoy. Así debe ser. Y el nuevo quedará reconocido mañana en el Parlamento. La soberanía está en el pueblo (art. 1 de la Constitución) y las Cortes representan al pueblo (art 66). Todo lineal y correcto, aunque caben especulaciones de todo tipo.

Lo relevante por llegar es el discurso del nuevo Rey y, sobre todo, sus actos posteriores, su vida ejemplar y constitucional. Y al que se va, tras los homenajes que quieran darle, que serán muchos, le queda no estorbar, organizar su vida sin demasiado ruido, que no está la cosa para dar de qué hablar.