De la CEPYME al Tribunal de Cuentas

Apasionados por los debates sobre monarquía o república, democracia y derecho a decidir, aforamiento o exposición, el olor a podrido de la corrupción pasa a segundo plano, aunque ese olor es la mejor gasolina para la indignación y el veto a la contra, para que se enteren. Este movimiento virgen que responde al lema Podemos, como antes el del 25M, tropiezan con la realidad de la incomodidad de organizarse y la desagradable disciplina para ser operativos y coherentes.

París en mayo de 1968 es una lección para tener en cuenta. Entonces el desafío al poder fue imponente, casi una revolución que dejó huella social, pero las elecciones de julio ratificaron al gobierno con el general De Gaulle al frente. Meses más tarde, cuando quiso ganar un referéndum inoportuno (peligroso artilugio el referéndum en el que los preguntados contestan a lo que les da la gana), tropezó con un No que le mandó a casa. Le sucedió Pompidou, que era más de lo mismo y de ‘mayo del 68′ quedó un emocionante recuerdo lampedusiano, todo cambió para seguir parecido.

Pero volvamos a la corrupción, que es la clave de la descomposición política que sufrimos, que tiene atenazados a los grandes partidos de gobierno. El caso del presidente de CEPYME, mentiroso y caradura, es ilustrativo. Si Agustín Rodriguez Sahagún, que fundó esa patronal con esfuerzo y sacrificio personal, levantara la cabeza les expulsaría a latigazos. Pero no pasa nada, el susodicho da explicaciones confusas, reconoce lo que negó y abre la puerta a que la fiscalía entre a saco, por lo mismo que está imputado Urdangarin.

La patronal ha tocado fondo, el expresidente de la CEOE condenado y en cárcel, el de CEIM en la picota y el de CEPYME en el barro y desde la casa solo salen balbuceos inaudibles. Eso sí, mucha foto y declaraciones enfáticas sin contenido. Al otro lado, los sindicatos, tampoco bajan las aguas claras, más bien pantanosos con dirigentes paralizados y sin saber qué hacer, más allá de seguir y aguantar.

Y en cuanto alguien ha metido el bisturí en otra entidad que debía estar por encima de cualquier sospecha, el Tribunal de Cuentas, tropieza con una red clientelar apestosa. Incluso aunque todo sea legal y documentado huele a apaño impresentable. De manera que un Tribunal que por un lado es bastante inútil y por otro está plagado de aprovechados. Que el personal se indigne es de lo más natural, que además vaya a votar es heroico y que lo haga por otra gente que no está en la pomada es más que previsible.

Los que hicieron la transición de verdad, de derechas (la mayoría) y de izquierdas (algunos) están desolados, recuerdan lo que dijo Ortega, “no es esto, no es esto”, porque el curso de los acontecimientos es inquietante. Eso sí, la prima de riesgo ha abandonado la familia de preocupaciones y la ‘vicetodo de Rajoy’ sonríe, como si con eso la deuda pública estuviera condonada y el déficit corriente fuera mera fruslería.