Blasco, los de Caja Penedés y Luis Fraga ¡vaya tropa!

El en el corto espacio de unas horas de los juzgados salen dos condenas por casos de corrupción, la malversación y apropiación de bienes ajenos. Las condenas deben ser actos de justicia y también de reparación, con aspectos de ejemplaridad y de disuasión.

El caso de Caja Penedés, que fue la tercera caja catalana por tamaño, concluye con el reconocimiento del delito, los acusados aceptan el mal menor para ellos y con un reproche del juez: “Se ha producido una actuación maliciosa, insidiosa, engañosa para la sociedad. Han burlando los controles, han antepuesto intereses personales a los sociales abusando de la confianza que tenían depositada en ustedes como altos directivos”. Pero el juez entiende que con la devolución del dinero que querían llevarse, hasta 28 millones entre cuatro directivos, “se restaura el orden jurídico y se compensa a la víctima [el banco]“. Y colorín colorado.

Por analogía podemos establecer que si alguien roba, con devolver lo hurtado se acaba el delito, lo cual constituye un evidente incentivo al robo porque la sanción equivale a lo injustamente obtenido. Es cierto que los cuatro acusados se llevan una condena de dos (el primero) y un año para cada uno de los otros tres. Pero por eso de ser la primera condena y otras consideraciones fruto de la benevolencia penal, van a evitar ingresar en prisión. Estarán disgustados, han perdido prestigio social, sentirán desprecio de sus vecinos… pero han salido bien librados. Y lo más importante y decepcionante, otros que estén en su misma condición que ellos cuando se auto concedieron esas pensiones abusivas no se lo van a pensar dos veces, lo harán con más cuidado, el coste del error es bajo. El juez dice que se restaura el orden jurídico, no estoy seguro de que así sea, peor desde luego que el orden moral no sale bien librado.

Más grave es el caso Blasco en Valencia, un modelo de cacique, que se beneficia de todas las situaciones políticas, de todos los presidentes de distintos partidos y tendencias, que saquea los Presupuestos, que comete irregularidades execrables en su provecho y de su familia y que es condenado a ocho años de prisión por una causa, tiene más pendientes.

Una condena que deja en carne viva los procedimientos de varios gobiernos y presidentes de los que solo se han oído algunas excusas incomprensibles. Que Rafael Blasco haya seguido en el parlamento valenciano y gozado del respaldo de varios políticos en activo, hasta el día de la condena pone en evidencia un estilo, una moral, unas tragaderas impropias de una sociedad decente.

El grado de suciedad, ceguera, anomia moral que demuestra un sistema político ante este tipo de situaciones y de delincuentes resulta decepcionante y explica el voto extravagante de muchos ciudadanos. Algo semejante viene ocurriendo en Italia y explica los triunfos de Berlusconi o el atractivo del cómico Grillo.

Detrás de los votos del domingo, incluidos los que se quedaron en casa por falta de motivación, está esta anomia moral que muestran los principales partidos, tolerantes con sus compañeros condenados, metidos en el burladero de la presunción de inocencia para ganar tiempo y esperar algún milagro por prescripción u otras circunstancias.

Un día antes un exsenador del PP, sobrino de su fundador para más inri, explicaba al juez que está arruinado, que no sabe gestionar su dinero, que confiaba en terceros y que Bárcenas en un tío fiable. Con esos mimbres ¿se puede ser senador? No tendrían que dar alguna explicación a los ciudadanos quienes le dieron el visto bueno para ir en una lista. Quizá es hora de proponer algunos procedimientos de selección y habilitación para entrar en política, con objeto de evitar gentes tan poco capaces, tan irresponsables.

A los ciudadanos les preocupa mucho la corrupción, y la incompetencia, y tienen buenos motivos para ello. Llama la atención que los que mandan en los partidos no se enteren y no se pongan a la tarea de cambiar prácticas que dan estos resultados.