Socialistas entre galgos y podencos

El fracaso socialista es manifiesto y dentro del partido hay gentes decididas a señalarlo y a remover para cambiar las posiciones relativas. El Congreso de Sevilla se cerró mal y ni la generación de la transición, la que galvanizó el partido, se siente satisfecha, ni las dos generaciones posteriores reconocidas. En resumen un buen lío interno que se acalla cuando hay reparto de poder y aumenta cuando lo pierden. A Rubalcaba (¿su última ronda en política?) le ha tocado conducir la peor etapa del PSOE con estación final en la debacle del domingo: 3,6 millones de votos, el peor resultado de la historia.

Con esos datos el secretario general socialista (cuarto desde Suresnes 1972) no tenía otra alternativa que plegar el cargo y ceder el asiento a otro. La cuestión era cómo, el procedimiento del relevo, que tropieza con las opciones y estrategias de los pretendientes. Es decir, lo de siempre, ambición y lucha de poder, con el argumento de que lo más democrático es lo que conviene a cada uno.

Conocidos los datos Rubalcaba lamentará ahora no haber intuido el alcance del cabreo de su base electoral para haber puesto término a su mandato bisagra, en realidad una testamentaria en busca de beneficiario, y dirigido la sucesión con fundamento. Jugó con la idea de que podía aspirar a candidato a sucederse lo cual ha contribuido a la confusión interna, bien percibida por los electores cabreados.

¿Primarias o congreso? Curioso debate táctico que divide ahora a los dirigentes del partido para asombro de bases y simpatizantes. ¿Galgos o podencos? Los unos dicen que hay que abrirse a la sociedad (que suena a literatura poética, palabras vacías de políticos, profesionales); y los otros que antes hay que fortalecer el partido, que las primarias requieren autoridad y buena organización. Todo es verosímil, quizá poco creíble porque el argumento conviene a las estrategias de los pretendientes.

Los procedimientos son importantes, sirven para decantar posiciones, pero el problema de los socialistas con sus electores no radica en el procedimiento para llegar al poder sino en sus propuestas, en el análisis de los problemas de los ciudadanos. Rubalcaba quiso dotar al partido de argumentos con el proceso hasta esa convención que debía redactar un programa tras un amplio debate. ¿Alguien se acuerda de las propuestas?, ¿han servido para la campaña europea? ¿Alguien atendió la propuesta fiscal o atiende ahora la propuesta de la reforma constitucional? El problema de Rubalcaba es que explicaba, proponía… pero nadie le hacía caso, ni siquiera los suyos.

Los electores socialistas no han perdonado aun a los dirigentes su gestión de la crisis, en el gobierno y en la oposición. Y una mala gestión del relevo puede llevarles a perforar el suelo electoral del domingo. Otro fracaso semejante en las municipales-autonómicas (mayo 2015) puede llevar al viejo PSOE al fin por irrelevancia.

Y la música que suena en Ferraz y aledaños es más de réquiem que un alegro renovador, las banderías tácticas son para los que están en la pomada, pero a los potenciales electores les espantan. El PSOE sigue amparando la viaja y mala política, sin renovación, sin ideas, sin conexión con su base sociológica, dispuesta a votarlos, pero con condiciones, a un partido serio y despabilado. El debate de “galgos o podencos” atufa.