Una gran bofetada a los grandes

La participación no se derrumbó, mantiene la media de las dos elecciones europeas anteriores (2009, 2004) con cierta anomalía en Cataluña donde la participación tenía el estímulo de marcar tendencia de la temperatura independentista. Las lecciones son tan sencillas como evidentes.

Primera: los tres grandes partidos de gobierno, PP, PSOE y CiU sufren un severo castigo, retroceden tanto que sus líderes quedan abocados a la retirada o a una revisión a fondo de equipos, postulados y estrategias.

Segunda: los grandes triunfadores son dos partidos a la izquierda, críticos y sin experiencia de gobierno. “Podemos”, cuarto grupo (muy cerca de sus criticados hermanos de Izquierda Unida), representa la vigencia de las movilizaciones del 15M, que algunos pretendían que estaban superadas. Y el caso de ERC obtiene réditos por una clara política soberanista e independentista, con dirigentes que relevaron a la anterior cúpula comprometida en el tripartito catalán y con alianzas parlamentarias parciales con el gobierno Zapatero. Son nuevos y son claros.

Tercera: El PP pretende que ha ganado las elecciones por número de escaños (16) y de votos. Pero el hecho objetivo es que han perdido ocho asientos, 2,3 millones de votos y ¡16 puntos! Una severa derrota mitigada únicamente por el hecho de que todos los partidos que gobiernan sufren castigo en las elecciones intermedias. Especialmente doloroso es el retroceso en Madrid, Valencia, Cataluña y Andalucía que advierten de riesgos evidentes para futuras elecciones y que debilitan los actuales liderazgos regionales con consecuencias que ahora son imprevisibles.

Cuarta: El caso del PSOE es más crítico, el peor resultado de su historia, 23% de los votos, que solo se alivia por el resultado andaluz, un millón de votos (30% del total) que indica que los relevos generacionales le van bien al viejo partido. Rubalcaba no compareció para explicar la derrota, lo cual debe poner fin a su larga y meritoria carrera política. Elena Valenciano reconoció la derrota con sinceridad poco frecuente en el discurso de los dirigentes de los partidos.

Quinta. Para Convergencia i Unión el resultado es decepcionante, cumplen los peores presagios, aunque mantiene el número de votos pierde el liderazgo en Cataluña, con un socio coyuntural, ERC que les superan por casi dos puntos. Artur Mas va de derrota en derrota hasta el desastre final.

Sexta. Izquierda Unida obtiene un éxito tan evidente como aparente, dobla la media de los votos obtenidos en las tres últimas elecciones al Parlamento Europeo, pero les ha salido un competidor en su propio espacio, que supone la gran sorpresa de estas elecciones a la que habrá que prestar atención.

Séptima. “Podemos” tendrá que ubicarse en los grupos europeos, competir con IU y preparar las municipales que serán la prueba del algodón para la un grupo nuevo con perfil de movimiento más de que partido tradicional. El Grillo español puede ser el telegénico Pablo Iglesias.

Octava. UPyD gana votos y escaños, pero ese 6,5% les sabe a poco, aspiraban a obtener más rédito de la descomposición de los dos grandes partidos. Y “Ciudadanos” con un 3,2% de los votos y dos escaños obtiene representación nacional con aspiraciones para ir más lejos.

Como resumen hay que destacar que los dos grandes salen abofeteados por los electores, no alcanzan el 50% de los votos (llegaron a rozar el 80%), el peor resultado de la historia que llevará a algunos a certificar el fin del bipartidismo imperfecto, aunque tienen tiempo para la rectificación y la renovación.

Unos resultados que deben animar a la “casta política” (rentable expresión utilizada por “Podemos” importada de Italia) a la renovación de una democrática inmadura, secuestrada por los partidos, que da signos de agotamiento. Pero no hay señales de que hayan captado el mensaje.