La chufla del control de los partidos

El Tribunal de Cuentas ha emitido este mes y remitido al Congreso su “Informe 1001″ (550 páginas) sobre control financiero de las cuentas de 25 partidos políticos y 39 fundaciones vinculadas a los mismos referidos a los años 2009, 2010 y 2011. Incluye por tanto las cuentas de las últimas campañas electorales, autonómicas, locales y generales del 2011. El informe es manifiestamente mejorable, no tanto por la competencia del Tribunal para hacer su trabajo, como por el alcance del mismo y el material presentado por los auditados. Desde luego que comparado con el nivel de las auditorías de las sociedades cotizadas estamos ante una simplificación, de hecho una burla.

El grado de la información ofrecida, de su desagregación y de las explicaciones es bajo, impropio de instituciones que se deben a los ciudadanos. Lo más grave es quizá el retraso, Un Informe sobre tres ejercicios que se emite con dos años de retraso. Las empresas mercantiles, las fundaciones y demás entidades privadas tienen que aprobar sus cuentas y depositarlas en sus respectivos Registros o protectorados antes de que cumpla el primer semestre posterior al cierre. Si no lo hacen incurren en falta y en posibles multas. Los partidos, sometidos a control del tribunal de cuentas, retrasan esa publican a dos años y medio. Lo cual indica ejemplaridad negativa.

Lo más sorprendente es el pavoneo de algunos dirigentes políticos que declaran enfáticos que sus cuentas están sometidas al Tribunal de Cuentas, como que eso fuera garantía de transparencia y seriedad. La realidad es que los dirigentes de los Partidos no se ocupan de las cuentas, no se responsabilizan, ignoran lo que gastan, no controlan, y ese es el mejor de los males. Porque si se ocupan y se enteran de la gestión el problema sería más serio.

Que España precisa de regeneración moral y democrática no es discutible, hay consenso extendido entre la ciudanía de que ese viaje está por completarse. La regeneración empieza y pasa por los partidos políticos que son el principal cauce de la participación y la representación. La reforma de los partidos, su transparencia, la limitación de su influencia en todas las instituciones del Estado es piedra sillar de la regeneración. El problema central no radica en el sistema electoral sino en la desmedida influencia y poder de los partidos y su descontrol. Este Informe 1001 del Tribunal de Cuentas, como los anteriores, son un buen ejemplo de lo que está pendiente, de la falta de control efectivo de los partidos que alienta la discrecionalidad y la arbitrariedad de sus dirigentes. Y sin ejemplo no hay regeneración.