El santo temor a la Gran Coalición

Felipe González utilizó hace años la figura del gran jarrón chino en un piso pequeño, estorba en cualquier sitio que lo pongas. Por eso se resiste a ponerse declarativo aunque está solicitado porque siempre dice algo sustancioso o provocador. Cuida sus palabras pero en media hora de televisión más de uno se siente apelado y dice algo que alcanza los titulares. El domingo Felipe dijo que en una situación de emergencia (que no veía aún hoy) un gobierno de Gran Coalición puede tener sentido.

Se trata de una obviedad que no debería provocar más allá que algún comentario sobre la gravedad de la situación actual, pero ha alarmado a más de uno (con el agravante de que insinuó que habla con Rajoy de vez en cuando, cuando éste le llama). Tanto ha alarmado que el propio Rubalcaba ha dicho que mientras mande en el POE no habrá Gran Coalición. Artur Mas llegó más lejos cuando fue al notario a firmar que nunca pactaría con el PP; poco después pactó porque el interés y la realidad se lo impusieron.

La declaración de Rubalcaba es un acto de jactancia que indica debilidad. No habrá Gran Coalición o sí, depende de las circunstancias, de la coyuntura, de la aritmética electoral y de la geometría parlamentaria. En política decir que de este agua no beberé es casi anunciar de que tendrás que hacerlo.

Gran Coalición o pequeña lo evidente es que pronto habrá coaliciones, muy probablemente antes de que acabe el 2015, bien sea de gobierno o en el ámbito parlamentario para abordar algunas leyes de reforma, incluida la constitucional, que requieren calendarios precisos e inteligencia política.

Ramón Jáuregui pidió ayer reforma constitucional reforzada (la que impone disolución de las cámaras y doble aprobación) para el 2015. Ese movimiento requiere una Gran Coalición. Como lo requirieron los Pactos de la Moncloa en 1977.

Es obvio que en vísperas electorales la palabra “Gran Coalición” es demasiado gruesa, pero la salida de la crisis institucional (también la económica) que hoy padece España requiere una respuesta que implique a buena parte del arco parlamentario, hasta dos tercios de los votos que requiere el concurso de los dos grupos grandes y de alguno de los otros para que sea operativa.

La Gran Coalición alemana es el resultado de la aritmética electoral, impuesta por los electores más que por la voluntad o el designio de los partidos coaligados. La Transición y la Constitución fueron el resultado de grandes coaliciones parlamentarias que orientaron y sostuvieron las políticas gubernamentales. Y la cuestión catalana no tiene salida airosa que no pase por amplios acuerdos parlamentarios.

Lo que dijo Felipe González no significa atrevimiento o descubrimiento, más bien pertenece al mundo de lo obvio, incluso de lo recomendable para evitar algún desastre.