Un tribunal convertido en circo

El juez Elpidio Silva (primero de su promoción, más de dos décadas de experiencia, profesor universitario…) ha topado con la justicia y molestado a sus colegas que le acusan de prevaricación (una falta muy grave en la carrera judicial) y de varios delitos adicionales, entre ellos abuso de poder por encarcelar preventivamente a uno de sus encausados más famosos (Miguel Blesa) con una fundamentación discutible.

No es frecuente que los jueces exijan responsabilidades a otros jueces, generalmente lo hacen con discreción, por la puerta de atrás y arrastrando los pies. Pero cuando hay voluntad de ir a por un juez lo hacen con dedicación e intensidad, incluso con cierta saña, como la que mostró el juez Elpidio Silva con personaje tan poco simpático como Blesa. Ahora cambian las posiciones y es el juez fulminante el que ocupa el sitio del fulminado.

La acusación pretende apartarle de la carrera por el resto de su vida, y el acusado trata de configurar un caso de indefensión con las triquiñuelas de quien conoce los procedimientos. El juez que dirige se deja llevar por una autoridad mal entendida y propicia el espectáculo, que es lo que el acusado busca, por déficit de templanza o de experiencia o quizá simple incompetencia. La forma de dirigirse al acusado por parte del Presidente del Tribunal es más propia de una reyerta de pandilleros de barrio (¡te callas… aquí mando yo… tengo la última palabra y la primera!), lo cual resta autoridad y, de paso, deja a la institución varios escalones por debajo de lo que merece.

La justicia debe ser fría, exigente, motivada, respetada por temida y por autoridad merecida. Lo que estamos viendo en este caso es todo lo contrario. Un juez iluminado que tiene su propia agenda y que utiliza el juicio a su servicio, y un Tribunal desbordado que aparenta tener el asunto sentenciado y que muestra muchas ganas de hacer un escarmiento.

En resumen un Tribunal que es un espectáculo para consumo de los programas los entretenimiento de la tarde y de la noche. Ni pedagogía de la justicia, ni justicia, ni maneras. Más bien un circo que sirve para el desahogo de algunas pasiones. Y los telediarios abriendo con la reyerta en el tribunal.