Un austero y sobrio adiós para Adolfo Suárez

Dentro de una gran austeridad, sin ningún signo de grandeza y esplendor de lo que la ciudadanía piensa que deben ser los Funerales de Estado, y con menos boato que el del también expresidente Leopoldo Calvo Sotelo por la Cuaresma que vive la Iglesia Católica, se ha celebrado en la Catedral de la Almudena de Madrid, el último acto de lo que han sido las ceremonias oficiales por la muerte de Adolfo Suarez, el primer Presidente democrático de la reciente historia de España.

Los reyes don Juan Carlos y Doña Sofía; los príncipes de Asturias Felipe y Leticia; los tres expresidentes del Gobierno de la democracia, Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero; el presidente del Gobierno Mariano Rajoy y el Gobierno casi en pleno, con la sola ausencia del ministro de Economía, Luis de Guindos de viaje oficial en Atenas; los 17 Presidentes autonómicos, representantes de diversos países y otras autoridades del Estado, han asistido emocionados a una ceremonia que, sin duda, cierra una etapa clave de la historia de España.

Una etapa que queda clausurada con su muerte y que ha dado paso a otra, la actual, para la que el cardenal arzobispo de Madrid Rouco Varela -nada que ver con lo que representaba un Suárez más cerca del histórico Monseñor Vicente Enrique y Tarancón, que del que, hasta hace unas semanas, ha sido Presidente de la Conferencia Episcopal Española- ha pedido esa misma concordia por la que tanto luchó y que figura grabada como recuerdo en la lápida de su tumba en la catedral de Ávila.

“La concordia fue posible con él – ha señalado Rouco-”, para preguntarse seguidamente” ¿por qué no ha de serlo también, ahora y siempre en la vida de los españoles, de sus familias y de sus comunidades históricas? Buscó y practicó tenaz y generosamente, la reconciliación en los ámbitos más delicados de la vida política y social de aquella España que, con sus jóvenes, quería superar para siempre la Guerra Civil: hechos y actitudes que la causaron”… Parecía haber terminado, pero no, añadió… para sorpresa de muchos …” y que la pueden volver a causar”.

Efectivamente, hizo posible la reconciliación pero, sobre todo, hizo posible la transición, algo que, ahora, se ha puesto de moda , sin conocer las condiciones con las que tuvo que hacerse, criticar, cuando estos días, recordando a Adolfo Suárez (“El mayor héroe de España” ha llegado a titular algún periódico), ha sido puesta de ejemplo en toda Europa, en una época de “primaveras árabes” de mañanas inciertos, en una época en la que los gobiernos electos son derrocados por levantamiento con el apoyo de las grandes potencias, y en una época en que los referéndums sirven para preparar o ejecutar tal o cual secesión o partición del territorio nacional.

Por eso, escribe Le Figaro, es bueno meditar las lecciones de la transición democrática española. “Es bueno que España recupere su unidad, al menos un momento, celebrando la memoria de Adolfo Suárez. Se ha perdido demasiada energía, en el pasado reciente, en la puesta en tela de juicio de esos años. So pretexto de reparar un “olvido” histórico, que sin embargo cimentó la reconciliación de los enemigos de la guerra civil, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero quiso aprovechar su mandato como Presidente del Gobierno para conmemorar el recuerdo de los sufrimientos padecidos por el campo republicano”.

Con la muerte de Suárez, la transición ha recuperado todo su lustre en los comentarios. Es mucho mejor así. ¿Por qué́ buscar peleas y enfrentamientos sobre un periodo ejemplar? La religión de la transparencia, incluso aplicada al pasado, no puede fundamentar la vida en común. Lo vemos en los defectos manifiestos del sistema de las autonomías. Pero son los episodios históricos como éste los que hacen una nación. Y los que deben inspirar a los otros. Una vez establecida, ¿no tiene la democracia una nefasta tendencia a corromperse?..Y, desgraciadamente en eso estamos.