Con el déficit actual ¿podemos ser admirados?

Las cifras de parados, ocupados y activos  que ofrece la economía española son demoledoras, ponen en solfa cualquier conclusión favorable; España puede ir bien en algunas cosas, pero con esos datos de paro es imposible alcanzar un aprobado. Además los datos de déficit público discurren por el mismo camino. Los peores datos de la OCDE, los peores de la zona euro. De manera que sostener que el reciente desempeño de la economía española es admirado, excepcional, asombroso… es un disparato, humor negro.

El Gobierno actual llegó al poder con una decidida determinación para reducir el déficit, y hacerlo ajustando el gasto, incluso reduciendo los impuestos. La percepción de los ciudadanos es que el Gobierno ha aplicado ajustes drásticos, que el estado del bienestar ha sufrido recortes decisivos, pero la realidad es que el gasto sigue donde estaba.

Es cierto que el gasto sanitario se ha reducido del orden de 6.000 millones de euros entre 2010 y 2013; y que el gasto en educación ha sufrido un ajuste similar. Y que esos 12.000 euros menos suponen un 10% menos en ambas partidas presupuestarias. También es cierto que el número de empleados públicos se ha reducido del orden de 300.000, de 3,2 a 2,9 millones de personas; pero también que el gasto sigue siendo el mismo, del orden de 120.000 millones de euros.  También es cierto que el ajuste en las partidas de inversión (incluido el mantenimiento de infraestructuras) ha sido drástico, a la  mitad e incluso menos.

Pues a pesar de todo eso el gasto público sigue por encima de los ingresos en una cifra del orden del 7% del PIB, esos 70.000 millones año a los que Rajoy solía referirse como algo insoportable, algo que cualquiera puede  entender: no se pueden gastar 70.000 millones más de los ingresados. Pues quizá no se pueda, pero ocurre. Más aun el Gobierno presenta los datos y señala que está bien, que el esfuerzo (?) ha sido extraordinario, sobresaliente y muy meritorio.

La conclusión es evidente: ¿Quién se ha comido nuestro queso?, si los ajustes han sido radicales y los impuestos han aumentado de forma generalizada, pero el gasto y el déficit se mantienen impasibles alguien tendrá que explicar el misterio. Pero nadie lo explica. Peor aun, la tesis dominante hace años es que el gasto desaforado era de las autonomías y de los ayuntamientos, que el modelo territorial es insostenible. Pero los datos del 2013 dicen que autonomías y ayuntamientos, que acumulan más de la mitad del gasto del Estado, solo son responsables de algo menos del 20% del déficit.

El Ministerio de Hacienda no desentraña estos misterios estadísticos, el ministro puede no ser entusiasta de las estadísticas, pero los datos  merecen más explicaciones. ¿Quién se ha llevado el queso?