La Vanguardia pide afecto y Alfaguara se hace alemana

La Vanguardia y RBA, dos marcas relevantes con sede en Barcelona, convocaron en el Casino de Madrid, en su Salón Real, a 400 invitados para presentar el trabajo de Enric Juliana “España en el diván, de la euforia a la desorientación en una década 2004-14″. Juliana además de director adjunto de La Vanguardia es corresponsal en Madrid y uno de los articulistas relevantes que toca varios palos, desde las sutilezas vaticanas y de la república italiana, a las penas portuguesas y la complejidad madrileña.

Fue más que la presentación del libro de un periodista con columna diaria (sin columna estable los periodistas valen poco), la vuelta de La Vanguardia a Madrid con su editor al frente y el nuevo director ejerciendo. Y la sociedad madrileña que últimamente solo va en bloque por parroquias, concurrió a la cita con una transversalidad que recupera virtudes que estaban perdidas. El Gobierno y el PP se hicieron presentes (Presidente del Congreso, dos ministros, varios secretarios de Estado…) así como diputados de todos los grupos parlamentarios, los habituales de foros interesantes e incluso algunos periodistas sin relación profesional con La Vanguardia. Esto último es novedoso porque la tribu periodística copia los malos hábitos de los políticos y circula en manada, cada cual con su marca de bandera y pago. Lo cual no es óbice para que la prensa madrileña del jueves no diera razón del acto, con manifiesta parcialidad e incumplimiento del mandato de contar lo que ocurre en la plaza y puede ser interesante o indicativo.

El nuevo director de La Vanguardia, persona educada y con talante dialogante advirtió que “de poco sirve el catálogo del miedo, si no hay propuestas desde el afecto”. El afecto, vaya palabra, vaya obviedad… convendría organizar con urgencia cursillos sobre el valor del afecto, lo barato que puede ser y los buenos resultados que podría proporcionar. En tiempos de penurias, y estos lo son, el afecto podría cubrir muchas necesidades y aliviar las penas que producen las carencias. El afecto podría compensar la falta de recursos.

El gobierno Rajoy tiene problemas con el afecto, no le sale, le cuesta exteriorizarlo, muestra una cara fea incluso a los suyos a los que sume en la incertidumbre por el silencio y el desdén. En Cataluña son muchos los ciudadanos que reclaman afecto, que no está exento de firmeza, todo lo contrario. Recuperar ese afecto que reclamó Màrius Carol constituiría uno de los pilares para reconstruir los puentes y la convivencia. Pasa por respetar, por escuchar, que es más que oír, por no agredir ni insultar y por dejar que el cariño ejerza de medicina sanadora.

La Vanguardia pidió en el casino de la calle Alcalá, al lado de la puerta del Sol, reanudar el noviazgo entre Madrid y Barcelona, entre catalanes y castellanos, para recomponer el viejo proyecto de la España Grande, desde una remozada Constitución, actualización de la de 1978, la mejor Constitución que se han dado los españoles, la más inclusiva, que puede mejorar con la experiencia acumulada de dos generaciones.

Y simultáneamente a la propuesta de noviazgo se materializó un funeral, la venta de Alfaguara, Taurus, Aguilar… por parte de PRISA a su principal competidor editorial, los alemanes de Bertelsmann. Es la liquidación de un imperio efímero, el que construyeron Jesús Polanco, Pancho González y algunos otros. El fracaso de una industria construida desde la franquicia y el valor del español, que van a gestionar alemanes más profesionales. Uno de los fracasos empresariales, culturales, nacionales, más estrepitosos y decepcionantes. Por 70 millones de euros buena parte de la industria editorial en español hace las cuentas en alemán. ¿Tendrá algo que ver con la Marca España?