La retórica de los brotes, los frutos y el cabo de Hornos

El debate del estado de la nación tiene como objetivo analizar y criticar el desempeño del Gobierno, defender su estrategia, presentar los logros y refrescar los retos y propósitos. La carga de la prueba recae sobre el Gobierno, lo relevante es lo que el Gobierno sostiene. A la oposición le queda un papel de menor rango. Pero los debates suelen convertirse en una especie de trinca entre el Presidente del Gobierno, que corre con el gasto, y los portavoces de los grupos, que disponen de su momento de gloria y de prueba, con especial papel para el que actúa como jefe de la oposición que dispone del mejor tiempo.

Lo habitual es que gane el Gobierno que dispone de más oportunidades, tiempo y recursos para salir airoso. Pero lo habitual es que se desnaturalice el debate para convertirse en un debate electoral a cara de perro. El pasado martes asistimos a un debate electoral, con dos protagonistas que asumieron el papel de opositores. La posición del presidente Rajoy adolecía de retórica e incurría en manipulaciones estadísticas indecorosas.

Lo más importante del debate es la proposición inicial del Presidente, un discurso elaborado con diligencia, con mucha preparación y con el concurso de expertos de todo tipo. Por eso el discurso merece un análisis más reposado, para detectar lo que dice, lo que quiere que se le entienda y lo que oculta. Y con respecto a los datos económicos el Presidente pecó de voluntarista e incluso de trilero.

El propio arranque del discurso con dos baterías de titulares de diarios elegidos para sustentar una tesis previamente establecida, advertía de qué venía después. Pasamos de la recesión al crecimiento, dijo Rajoy. La recesión de los últimos cinco años es la peor de nuestra historia reciente, de las peores de Europa y del mundo. Y la posible recuperación que se apunta es muy débil, incipiente y con incertidumbres evidentes.

Destacar como dato relevante del empleo que el pasado diciembre el paro registrado era de 169.000 personas menos que un año antes, es una manipulación inaceptable. El dato sustantivo del empleo es que las cifras de ocupados (EPA) y de afiliados a la Seguridad Social, son las más bajas de la década, las peores de Europa. Enfatizar que se percibe una tendencia al estancamiento, incluso cierta mejora desde semejante sima, son ganas de vender una burra. Es una posición tan irreal como la del Presidente anterior que entre 2007 y 2010 se negó a utilizar la palabra crisis para definir la situación y tendencia (evidente) de la economía española y europea. Entonces y ahora el mismo error: negación de la realidad.

Otro tanto sirve para otra magnitud preocupante: el déficit público. Rajoy sostuvo con obstinación durante su primer año que reducir el déficit era el objetivo central y esencial. Dos años después el déficit español es el más alto de la Eurozona y la reducción del gasto púbico se ha hecho donde duele, por lo más fácil, reduciendo al mínimo la inversión pública.

Centrar la virtud del Gobierno en el hecho de que ha evitado el llamado rescate de la deuda soberana merced a la habilidad y serenidad del Presidente no se corresponde con la realidad. España (e Italia) no han sido rescatadas por sus socios porque no era posible, no hay dinero suficiente. La crisis del euro llevaría una renegociación de la deuda soberana con refinanciación, quitas, aplazamientos, repudios. Los gobiernos nacionales carecen de margen en una situación de ese tipo.

Rajoy contó un cuento sobre la recuperación. Hay que confiar en que lo sabe, que no se cree lo que contó. En caso contrario, si se lo cree, la situación es más grave aún si cabe. La retórica del cabo de Hornos sirve para el discurso, pero no dice nada; la figura de los brotes y de los frutos no ayudan a entender, más bien complican.

En resumen debate fallido, electoralista, oportunista que supone perder el tiempo y debilitar la oportunidad para la recuperación. No hay proyecto, no hay plan, no hay estrategia; afortunadamente queda la resistencia que supone formar parte del Eurogrupo.