Rajoy subió a repartir leña

Rajoy subió a la tribuna para hablar bien de sí mismo (antes había caos y el Gobierno trajo luz y esperanza) y a renglón seguido sacudir a cuantos interlocutores o adversarios le salieron al paso. Ni un milímetro a la negociación o el consenso, todos los demás están en el error. El discurso estaba preparado para iluminar todas las estadísticas disponibles debidamente torturadas para cantar lo más conveniente al orador.

Rubalcaba arrancó con una frase ocurrente: ¿en qué país vive usted?, para a continuación desgranar, sin respiro ni desmayo, una panoplia de críticas con fundamento y datos que animaron a su parroquia que le aplaudió más que nunca. Los aplausos (y pateos) en la cámara contribuyen poco a su dignidad, más bien parecen propios de hooligans y claque bien pagada, pero hay quien sostiene que esa es la salsa del parlamentarismo (que se lo hagan mirar).

El discurso de Rubalcaba fue el correspondiente al jefe de la oposición. El de Rajoy también, especialmente en réplicas y dúplicas. El discurso importante para los ciudadanos es el del Presidente, los demás oradores forman parte del juego, de la provocación y la incitación. Y el discurso del Presidente, muy elaborado y de cuya literalidad apenas se apartó unas pocas palabras, era pródigo en retórica con muchos trucos. Incluso las réplicas y dúplicas llegaron con bastante elaboración previa, con el modelo conocido de que pregunten lo que pregunten contesta lo que te más te convenga.

El Presidente traía cocinadas las propuestas para ganar los titulares, como hizo Zapatero en ocasiones semejantes con el cheque bebé y otras ocurrencias. La cuota plana de cien euros al mes para nuevos contratos indefinidos es una medida coyuntural y de choque, que es correcta aunque llega con retraso. Pretende sofocar el fuego de los contratos precarios y puede tener alguna efectividad con bajo coste. Es una medida hábil, con carga electoral, vale más que nada, pero es pura coyuntura.

La promesa de que las rentas salariales inferiores a 12.000 euros no pagarán IRPF requiere concreción, el Presidente no precisó como se alcanza ese objetivo, ¿con base exenta, con deducciones en la base o desgravaciones en la cuota, solo para rentas del trabajo…? Pero también sirve para los titulares, suena bien y los detalles vendrán con la reforma fiscal y sus efectos el año 2015.

Lo más inquietante del discurso es el diagnóstico, el juicio que le merece al Gobierno el estado de la economía nacional, que solo se explica en clave electoral. Si Zapatero fue un insensato (o peor) negando la crisis, Rajoy hace otro tanto afirmando que ya hay frutos, que son más que brotes verdes. Sostener que hasta que llegaron las medidas del actual Gobierno (reforma laboral, financiera…) la economía española estaba en el atraso y el desastre, pasando por alto que durante los últimos treinta años (más de un ciclo) ha crecido un punto más que la media europea y que Alemania, son ganas de deslizarse a la demagogia y el simplismo.

Con un paro que doble el de antes de la crisis (media de una década) y una deuda acumulada que dobla la de hace seis años, proponer que la crisis es pasado es puro maquillaje. No hacía falta tanto autobombo, no es convincente y no ayuda a tomar las medidas que siguen pendiente y que los socios están reclamando.

Rajoy no busca amigos en los grupos parlamentarios, le vale la actual mayoría absoluta, aunque debe saber que no le va a durar mucho y que para hacer lo que hay que hacer se requieren más concursos, más aliados. En resumen un debate con más retórica que contenido, con más fallas que construcciones para durar.