El debate nº 24, mínimas expectativas

Rajoy y Rubalcaba abordan su segundo “debate sobre el estado de la nación” sin expectativas y desde los niveles de popularidad de sus partidos y personas más bajos desde que hay encuestas. Crisis y desconfianza van íntimamente abrazadas sin que nada ni nadie rompa ese lazo funesto. Lo peor es que los dos partidos se defienden desde sus respectivos hoyos con la expectativa de que el otro cometa errores, ambos con estrategia de oposición y de desgaste del adversario. En resto de los grupos está a lo suyo, aprovechar la crisis para sus objetivos de parte.

El comisario Almunia apuntaba en una escueta respuesta (última pregunta) en la entrevista publicada en El País, que no veía que el Gobierno español tuviera un “proyecto” para hacer frente a la crisis. Era lo más sugerente de la entrevista y por eso fue a titular, pero solo ocupó una línea. Algún argumento o explicación adicional hubiera venido bien. El juicio del comisario, militante y exdirigente del PSOE, se ha despachado con la versión de que es material de campaña electoral. Pero me parece que Almunia no está ahora para campañas electorales, que su recorrido político y personal discurre por otras latitudes; más bien se trata de una opinión personal, con bastante fundamento. En el fondo es una obviedad que explica que la valoración del Gobierno esté por los suelos. Que el ministro de Agricultura sea el más valorado (aunque sospecho que nadie sea capaz de explicar una razón) es un indicio elocuente.

Como prueba del algodón para el juicio de Almunia sirven los discursos de los jefes del Gobierno y de la oposición con sus respectivas réplicas y dúplicas que podremos escuchar en unas horas. Si exponen un “proyecto” que merezca ese calificativo, si proponen objetivos capaces de movilizar a la sociedad, la afirmación de Almunia carecería de fundamento y el comisario debería rectificar. Pero mucho me temo que no sea el caso.

El argumento central de la comunicación del Gobierno es que la crisis económica forma parte del pasado, que España está en fase de recuperación, que no habrá más ajustes presupuestarios, que prepara rebajas fiscales, y que este año crecerá el empleo neto. Una parte de los analistas, especialmente los vinculados a las entidades que forman el llamado Consejo de la Competitividad, que quieren alentar las expectativas, se han apuntado al diagnóstico del optimismo por lo que viene. Es evidente que detrás de ese esquema están los agobios electorales inminentes que ya se han apoderado de la agenda política. Desde el próximo mayo hasta el otoño de 2015 (cinco trimestres) se concentran todas las elecciones posibles en España, además de la cuestión catalana, trasversal a todas ellas. ¿Es imaginable una estrategia política que no esté condicionada por el agobio electoral? Para ello se requiere una mezcla de patriotismo, inteligencia y sentido del riesgo y la generosidad, que no forman parte de lo previsible.

Este va a ser el debate sobre el estado de la nación nº 24 de la historia de la democracia española (diez de Felipe González, seis de Aznar, seis de Zapatero y uno de Rajoy. Casi siempre resultó más convincente el jefe de Gobierno, salvo las etapas agónicas de la legislatura. En esta ocasión sospecho que no ganará ninguno por carencia de propuesta. Ojalá me equivoque y haya sorpresa.