Las verdades de Sánchez Galán

En Italia Fiat tomó las de Villadiego fijando su sede legal en Ámsterdam, la fiscal en Londres y la cotización en Nueva York y Milán. En Turín siguen los cuarteles centrales en el Lingotto, las cuatro plantas italianas no se cierran… pero Holanda, Gran Bretaña, Estados Unidos, ofrecen más seguridad jurídica, más estabilidad institucional, impuestos previsibles (y más bajos) y ante el dilema y con la buena excusa de la fusión con Chrysler y el objetivo de captar mercado en América la relocalización cuenta con buenas razones. Tantas que los italianos han lamentado sin hostilidad, ante una operación calculada, lenta, efectiva y poco cuestionable más allá de lo emocional.

En Francia los hermanos Peugeot, doscientos años de tradición industrial, tras dos ejercicios con pérdidas acumuladas de 7.500 millones de euros (insoportables) aceptan perder la posición dominante para obtener una inyección de capital por 3.000 millones de euros que supondrá repartir los paquetes dominantes entre los Peugeot, la República Francesa y la compañía china Dongfeng (cada uno el 15%) que además de capital ofrece el mayor mercado potencial del mundo. Y Peugeot necesita capital y mercado.

Las 35 compañías del IBEX obtienen la mitad de su negocio (ventas, beneficios, accionistas, inversiones, financiación…) fuera de España, lo cual es una buena noticia, pero que lleva consigo compromisos, exigencias. Y de las 35, las seis primeras, que suponen casi dos terceras partes de la negociación diaria, tienen una mayor presencia global. España no significa el primer mercado de ninguna de ellas. Son datos objetivos e irreversibles, buenos datos para España, también riesgos.

Sanchez Galán, presidente de una de esas seis compañías, ingeniero, salmantino, sin pelos en la lengua, ha dicho unas cuantas verdades, incluso obviedades, en Londres y la ha armado. Hay lecciones interesantes tras las verdades de Galán que, básicamente, tratan de la inseguridad regulatoria y el riesgo que conlleva para el inversor. Las respuestas a Galán han sido generalizadas y críticas, también plagadas de tópicos. Repasemos algunos:

Marca España. Detrás de ese objetivo hay bastante morralla peligrosa. No se puede confundir Marca España con marca Gobierno. Criticar al Gobierno no va contra España; todo lo contrario. No conspira contra la Marca España quien reconoce lo evidente. No es de personas inteligente considerar amigo al que elogia y enemigo al que critica. Ser amigo no exime de exponer la verdad. Y que el sistema eléctrico español está plagado de incertidumbres es tan cierto como que tras la noche amenace.

PYMES buenas, grandes empresas perversas. Es políticamente correcto defender las Pymes y criticar las compañías grandes, incluso el presidente del Gobierno y sus ministros lo dicen. Es una notable tontería. Las unas y las otras se necesitan y complementan. Incentivar un falso antagonismo solo es populismo malo y estéril.

La respuesta oficial (la filtrada y la explícita) a las quejas de Sanchez Galán ha sido lamentable, inconsistente y torpe. Si en España hay sobrecapacidad eléctrica es lógico que disminuyan las inversiones: el problema del sector no radica en la inversión, sino más bien en la simplificación y la trasparencia. No es cuestión de dinero sino de inteligencia y buen sentido.

El Presidente de Iberdrola puede haber sido poco prudente, poco político pero ha dicho verdades evidentes, que podemos calificar de obviedades, por más que le duelan al Gobierno, a sus pelotas, y a ese ministro de Industria que tan duramente compite para ganar la medalla de “el menos afortunado del último medio siglo”.