Solchaga echa las cuentas de la independencia

Carlos Solchaga no se prodiga en los medios ni en las tribunas pero sigue los acontecimientos y calcula las consecuencias. La Fundación del Diario Madrid, que ha asumido la tarea de proporcionar tribuna para el debate en Madrid y en Barcelona sobre la desavenencia que aflige a ambas capitales, convocó al exministro socialista para razonar en Barcelona la pregunta ¿Hay causas económicas para el desafecto?. Y para contratar argumentos invitó también al profesor Guillem López Casasnovas, catedrático de la Pompeu Fabra y consejero del Banco de España (cupo catalán). Casasnovas defiende en los medios la vía soberanista.

Los dos ponentes hablaron a título personal, conforme a su leal saber y entender. Solchaga articuló una ponencia de economista profesional y político con experiencia, sin esos agobios electorales que tanto ofuscan, para repasar el desafecto y sobre todo las consecuencias de la independencia. Advirtió que el debate está envenenado, en Cataluña y en España y precisó que Cataluña puede ser un estado viable; otra cuestión es el precio y las consecuencias. También aceptó que hay razones para el desafecto, históricas y presentes, pero que las últimas décadas de la historia de España son de éxito, como nunca antes, y que en ese buen desempeño Cataluña no sale perjudicada, todo lo contrario.

Tras advertir el riesgo de las conclusiones de las balanzas fiscales con sus distintos procedimientos de cálculo concluyó que en términos de política fiscal y presupuestaria el dividendo de la independencia no parece tan atractivo como sus partidarios pretenden. Para detenerse con más detalle en los costes de transición a la independencia y concretamente en los aspectos comerciales y financieros, con una premisa previa: la separación no traumática no es posible, nadie acepta modificación de la soberanía sin resistencia.

Respecto a lo comercial Solchaga advirtió del coste del efecto frontera en términos de balanza comercial (también fiscal, ya que el comercio exterior no genera IVA) que hoy es muy favorable a Cataluña en relación con el resto de España. Otro tanto sirve para el ahorro. Y más serio parece el problema de financiero. Solchaga estima que los dos bancos catalanes (Caixabank y Sabadell) tendrían que residenciarse en Madrid (o en Luxemburgo, apuntó alguien en la sala) porque no se puede funcionar sin prestamista de última instancia y los flujos de capitales quedarían afectados. Otro capítulo de consecuencias se refiere a los traspasos de activos y pasivos; respecto a los primeros no hay problemas insalvables, de los segundos la consecuencia es un rating basura para la deuda catalana y muchas dificultades para emitir. En resumen, no hay beneficios más allá de la propia soberanía. Con una advertencia, arrepentirse por el camino sería percibido como estafa o engaño.

A Casasnovas le quedó mucha tarea para rebatir a Solchaga. Optó por el pensamiento lateral: enumeró los agravios, la frustración de los jóvenes, la ceguera o sordera de Madrid, las infraestructuras, los peajes, el aeropuerto, el corredor mediterráneo… El debate entre ambos fue agrio en algún momento, aunque ninguno lo deseaba. Lo que quedó claro es que la distancia entre las orillas, incluso las que muestran simpatía, es grande; el déficit de conversaciones y relatos abrumador; y los tópicos decepcionantes.

Las cuentas de Solchaga son severas, desapasionadas y solventes, como para tenerlas muy en cuenta.