La declaración alemana de Barcelona

El hay quien defiende la estrategia Rajoy sobre la “cuestión catalana” de pocas palabras, mucha indiferencia y a barajar, como la más acertada para desinflar el globo emocional. Pero también hay quien piensa que el Estado debía haber intervenido en el debate hace tiempo, rebatido la tesis del pretendido expolio desde el minuto primero (hace años), y cultivar el afecto a Cataluña para evitar que el desafecto se convierta en argumento del soberanismo independentista.

Ahora es inútil llorar por el agua derramada que no volverá a la jofaina. La realidad es que en la sociedad catalana la movilización independentista lleva tiempo trabajando con buenos resultados para el objetivo de convencer a los ciudadanos que la independencia les viene a cuento, que merece la pena. Quienes sostienen que la apuesta independentista es un disparate apenas se han manifestado en público ante los catalanas, que tampoco han dado muchas oportunidades a esas voces. Pero el debate ya es inevitable, hasta Rajoy ha tenido que aterrizar en el problema con un par de discursos en los que ha empezado a destilar argumentos e incluso a manifestar afecto.

Y empiezan a sumarse voces importantes de la llamada sociedad civil que perciben que deben llenar algunos vacíos. El informal pero poderoso club de los intereses empresariales alemanes en Cataluña, medio centenar d ejecutivos de multinacionales de matriz alemana que han invertido desde hace muchas décadas mucho dinero en Cataluña advierten que el descuelgue de Europa sería muy contraproducente, que coloca en riesgo esas inversiones.

Que este grupo de personas se haya pronunciado en público y elaborado un documento ad hoc es más que llamativo. Quienes pretenden que Europa no podría soportar la ausencia de Cataluña ven decaer el argumento, puede soportarlo, la carga está al otro lado ¿puede soportar Cataluña no estar en la UE? Y la respuesta es bastante sencilla, puede pero a base de asumir retroceso durante una etapa que puede ser larga y dura.

El gobierno catalán, empezando por su presidente (y desde luego por Jordi Pujol) entiende mejor que nadie que el “manifiesto de los alemanes” es un NO cualificado al independentismo que una parte de su electorado tendrá en cuenta. Los empresarios alemanes en Cataluña, que representan buena parte del tejido industrial (química, automóvil, equipos, telecomunicaciones…) han hablado por la ausencia de otras voces, con autorización de sus matrices que se han enterado de que hay un problema en Cataluña. Acredita la internacionalización del conflicto, aunque quizá no en el sentido que los independentistas pretendían.