¿Se desangra el PP?

La acumulación de deserciones en el partido de gobierno, cuando nunca acumuló tanto poder acumulado, no es solo hacer, hay algo más. Les estallan las costuras de forma relativamente coordinada. No es probable que Vidal-Quadras vaya en sintonía con Aznar y este con Mayor Oreja y todos con lo que ha dado origen a VIX, pero todo ocurre casi de forma simultánea. Aznar no va a asistir a la convención del PP, prevista desde hace muchos meses y a la que se otorgó relevancia desde primera hora, porque está molesto con la cúpula de su partido. Y punto. Para marcar posición les ha mandado un memorándum pedagógico sobre la cuestión catalana con una veintena de preguntas con sus correspondientes preguntas. Rajoy se adelantó al documento de FAES con su discurso del sábado en Barcelona pero es evidente que la relación entre el sucesor y el sucedido está muy averiada. Ni se hablan, ni disimulan.

Sin embargo de eso a que el PP entre el crisis hay mucha distancia. Sigue siendo un partido central que cubre un amplio espectro sociológico que va desde la derecha más derecha al centro izquierda volátil a la hora de votar. Rajoy sabe (y Arriola se le recuerda cada semana) que acampar en todo ese espacio político (de último decil de autoubicación ideológica, que acoge a la extrema derecha, al cuarto que incorpora el centro izquierda) es decisivo para alcanzar una mayoría suficiente para gobernar, que en su caso se aproxima a la absoluta por la dificultad para sumar otros grupos parlamentarios.

La aparición de Ciudadanos y de UPyD (que ya son marcas consolidadas con muy probable grupo parlamentario), perjudica al PP y al PSOE, porque en buena medida son partido de rechazo que se instalan en el centro para recoger votos de irritados con los grandes partidos que no llegan a manifestarse como indignados.

Las expectativas electorales de grupos nuevos, desde VOX a otras iniciativas por la derecha y el centro, es indicativa del agotamiento de los viejos partidos pero con pocas posibilidades de ocupar espacio político significativo. El PP siente desafección de una parte de sus militantes y simpatizantes por eso hace gestos hacia la derecha (la ley del aborto es un ejemplo) pero sabe que necesita los votos del centro, que una vez votaron socialista.

Las europeas (faltan 16 semanas) van a ser un banco de pruebas de las nuevas orientaciones de voto, una oportunidad para castigar a los dos partidos de gobierno y también para indicar preferencias respecto a las nuevas siglas. Desde ya mismo todos los partidos están en son de guerra electoral, demagogia y populismo en vena, vale todo, incluido el juego sucio y el abuso de las instituciones del estado más politizadas, que son casi todas. El PP no se rompe pero pierde consistencia y sufre los agujeros de la ambigüedad y el desgaste de la crisis. La sucesión de Rajoy no está abierta, pero se nota que hay gentes que toman posiciones adelantadas.