2014, ¿recuperación o solo dejamos de caer?

Mariano Rajoy no necesita tila, ni ayudas externas, para permanecer en un aparente estado de serenidad que parece pasividad o indiferencia; debe ser su estado natural. Asumió antes de acabar al año, tras el último Consejo de ministros, el riesgo de comparecer ante la ordenada tribu de corresponsales en la Moncloa, con un procedimiento que permite respuestas abiertas e incluso no responder. Superó el trance sin tensión y sin noticias, ni una más allá de que el aumento del recibo de la luz será el que quiera el Gobierno. Un anuncio pagado por Endesa deja al Gobierno (a éste y al anterior) ante la evidencia de que las subidas de precio de la luz, que Rajoy califica de inaceptables, solo tienen un autor: el Gobierno.

Desde 2005 el coste del recibo de la luz ha subido el 70% (frente al 24% del IPC) pero el reparto de responsabilidades es desigual, por producir de distribuir electricidad el incremento de precios ha sido del 12%, y por los llamados peajes, que asigna, regula y controla el Gobierno, el incremento alcanza el 200%.

Aunque la noticia fue el precio de la luz, el motivo de la comparecencia del Presidente era dar cuenta del ejercicio 2013 y proponer objetivos para el 2014. El mensaje fue simple: el año 2013, BIEN y el 2014 MEJOR. Pues AMEN señor Presidente, pero ni el 2013 ha sido bueno, ni el 2014 tiene traza de mejorar.

El discurso oficial es pretencioso y poco crítico, el relato repetido hasta aburrir dice: había una crisis provocada por Zapatero, el gobierno Rajoy se encontró con problemas inesperados y los ha resuelto con pericia y sacrificio de todos. Y ahora vendrá la recuperación, que se traduce en un año 2014 con menos parados y más cotizantes. Un relato endeble y tramposo, que revela fallos graves de diagnóstico (el caso del precio de la luz es un ejemplo elocuente) y también de pronóstico. Lo cual complica la recuperación.

El Gobierno pretende que gracias a su habilidad se evitó el temido rescate. Pero el rescate no es el problema, solo es instrumental, consecuencia del problema. Además quien lo evitó fue el señor Draghi y el BCE con la decisión de sostener el euro para todos los socios, lo cual reabrió los mercados financieros superando la crisis de la deuda del verano del 2012. En esta crisis la Comisión Europea, el BCE y el FMI (la troika) han sido determinantes, más que las políticas locales de cada socio del euro. Es de la troika de donde llega la inspiración y la determinación y a los gobiernos les toca ejecutar con mayor o menor acierto.

En el caso español la crisis de las cajas de ahorro solo se afrontó en serio, tras las medidas insuficientes y retrasadas de los gobiernos Zapatero y Rajoy, cuando desde Bruselas forzaron el rescate financiero con el crédito de los cien mil millones y sus condiciones adicionales (el llamado MoU).

La tarea central del Gobierno desde mayo del 2010 es enderezar unos Presupuestos desbocados, una asignatura que sigue pendiente cuatro años después, con el déficit instalado en el 7% del PIB, como una espada de Damocles sobre la soberanía nacional y el futuro de España. Hay que ingresar más, gastar menos y volver a crecer por encima de los dos puntos de PIB, para aspirar a recuperar los niveles de empleo anteriores a la crisis.

Pero de ese horizonte el Presidente no dijo nada, se resigna a tocar fondo, a cambiar la tendencia en décimas, que son insuficientes y suponen el preámbulo de otro tropiezo como el de 2011, tras el espejismo de 2010. No se puede hablar de recuperación por unas décimas más o menos de PIB, que son objetivos mediocres, limitados y decepcionantes.

Rajoy dijo en la reciente entrevista a varios diarios europeos que su aspiración es convencer a los alemanes. Un reconocimiento explícito de impotencia y de carencia de proyecto. No son los alemanes los que le van a confirmar en el poder. Europa aporta estabilidad, recomendaciones, a veces instrucciones, pero para la recuperación hace falta más, que tiene que ver con la autoestima nacional y la voluntad de hacer reformas consistentes. Y de esto último se nota poco. Los españoles se dan cuenta tal y como reflejan las encuestas de expectativas que siguen bajo mínimos. El relato de Rajoy no convence, ni este año ha sido bueno, ni el próximo será mejor sin cambios profundos en el diagnóstico y en el tratamiento. De esta no se sale a décimas. No estamos ante una recuperación, solo dejamos de caer gracias al esfuerzo de los agentes económicos (familias y empresas que se desendeudan y exportan) y al soporte del BCE, pero no por la eficacia de la política.

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