Electricidad: otra burbuja que estalla

El resultado de la subasta para fijar precios a la electricidad para el próximo trimestre ha estallado la burbuja del sector y, de hecho, ha roto el marco del sector y alguna cosa más. Para la sociedad es inaceptable e incomprensible que el precio del kilovatio crezca un 26% de una vez y que ese se traduzca en un aumento del 12% del recibo de la luz de la inmensa mayoría de los consumidores para el próximo trimestre.

El propio Gobierno, que el garante y tutor del modelo, asume que el resultado es inaceptable y que hay que modificarlo; es decir que las reglas del juego no sirven y se cambian a mitad de partido. La razón político-electoral lleva a esa conclusión, pero tiene consecuencias no buscadas en eso que llamamos seguridad jurídica, que caracteriza las sociedades democráticas más que el hecho de votar periódicamente. En el sector eléctrico español la seguridad jurídica está afectada por un potente interrogante.

De paso se erosiona desde el primer minuto la nueva Comisión de los mercados, invento del Gobierno para integrar en un solo organismo los reguladores anteriores. Todos ellos estaban afectados por dudas razonables acerca de su independencia por el reparto de lotes entre los partidos dominantes del Parlamento.

La celeridad con la que la Comisión ha obedecido, con nocturnidad y alevosía, las órdenes del Ministerio suspendiendo la subasta de ayer es evidente. Al margen de que el resultado de la subasta sea sorprendente, las reglas del juego hay que respetarlas y modificarlas conforme al procedimiento.

La insinuación del ministro de una subasta manipulada conduce a una actuación del fiscal y de los tribunales ya que estaríamos ante hechos delictivos que están tipificados. Si la subasta estuvo afectada por errores de procedimiento hace falta explicaciones simultáneas a la suspensión.

Por lo que vamos sabiendo el resultado de la subasta no fue tan sorprendente como pretenden. Hay elementos reales de mercado que hacían previsible el resultado; quienes conocen el sector (incluido el Ministerio y la comisión de mercados) tenían suficientes indicios de que los precios iban arriba como una flecha. ¿Cómo es que no trazaron una estrategia preventiva ni advirtieron de lo que se venía encima? O incompetentes, o perezosos o inconscientes… cualquier hipótesis es mala.

Lo que parece evidente es que el modelo no funciona, es malo, La divergencia entre “coste reales” y “costes reconocidos” es una bomba de relojería que obliga a recomponer todo el modelo con la dificultad de que existen compromisos contraídos y costes incurridos cuya rectificación cuesta mucho dinero.

La burbuja eléctrica está formada por el déficit de tarifa, la pelota financiera de las renovables y la sobrecapacidad. En total la cifra supera al coste de la crisis financiera; por encima de los 60.000 millones de euros que penden sobre el sector, los consumidores y el presupuesto.

El problema no es si hubo manipulación de la subasta, que es poco probable, sino donde están los talentos capaces de alumbrar la salida del embrollo que han ido montando desde 1997 todos los gobiernos con asombrosa impericia. Y lo evidente es que estos genios que están al cargo del problema, el ministro Soria y el suficiente Nadal (escondido en la tormenta) no están capacitados para manejar el problema.

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