NCG: compra el que más interés tenía

El objetivo del FROB (y del Gobierno) con los bancos intervenidos y rescatados no puede ser otro que minimizar los daños, reducir el coste con ventas que recuperen algo. La limitación de ese objetivo es que el comprador sea solvente, que ponga punto final a la crisis, y además que mantenga trama financiera que anime la competencia, evitando despidos y recortes.

Con eso mimbres, que las cajas gallegas rescatadas y ajustadas en su estructura original vayan a manos de un grupo extranjero, venezolano en este caso, tiene bastante lógica. Para el FROB y el Gobierno sería más tranquilizador que uno de los grandes bancos nacionales se haga cargo de la entidad gallega, la integre en su organización y aquí paz y después gloria. Pero a BBVA, Santander o La Caixa la red de las cajas gallegas añade poco, supone más un problema que una oportunidad. El único incentivo para los grandes era cerrar el paso a un competidor, pero siempre que el precio compense.

Esa era la ventaja para el grupo venezolano que pujó por NCG, para ellos comprar supone abrir un mercado donde ya están presentes tras su reciente adquisición del Banco Etcheverría, uno de los pocos bancos locales que mantenía marca y organización. Para el FROB (y el Banco de España) el grupo venezolano Banesco no es desconocido, ya bendijeron su presencia y analizó su solvencia cuando autorizó la compra del Etcheverría. Y la ampliación de esa red con la de NCG tiene sentido estratégico aunque queda en el aire la duda razonable de que sean capaces de gestionar un banco regional en un mercado tan competitivo como el español, donde la banca extranjera ha fracasado con modestas excepciones.

Ese es el riesgo que asume el FROB, que los de Banesco no normalicen y rentabilicen NCG y haya que reabrir la gestión de crisis. Por la parte venezolana está justificado el precio que pagan ya que están comprando activos y, sobre todo, mercado y licencia para actuar.

Desde el punto de vista del interés nacional merece la pena valorar que en el plazo de cuatro años donde había 60 entidades financieras nacionales han quedado 15, la cuarta parte, y el riesgo de oligopolio no es desdeñable. Una economía como la española con su trama empresarial necesita más actores que garanticen la competencia y aunque los venezolanos van a representar una modestísima cuota de mercado, entre el 1 y el 2%, su presencia supone una oportunidad.

Un elemento excéntrico en esta historia es el activismo del presidente de la Xunta de Galicia, obsesionado por mangonear en un banco regional, e insuficientemente escarmentado de la intromisión en la gestión de las cajas gallegas antes y después de su crisis, con desastrosas consecuencias. La supervisión del BCE atajará ese activismo político que ha sido ruinoso para las cajas y que está muy mal visto en Bruselas.

El FROB ha conseguido su objetivo, no perder toda la inversión en NCG, va a recuperar el 10%, y aborda ahora otra operación más complicada, la subasta de la segunda caja catalana, Catalunya Bank.

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