Los correos de Blesa y el interés general

Los miles de correos del que fue presidente de Caja Madrid (con los votos del PP, de afines y también de CCOO) emitidos y recibidos en su ordenador profesional de la Caja son materia de interés general. Aunque algunos parecen de carácter particular también tienen interés general ya que corresponden a una vida privada estrechamente afectada y vinculada a su cargo en la caja, que es una entidad peculiar, de carácter ciudadano, de sus impositores (curiosa y peculiar categoría) y que fue capturada por partidos políticos, sindicatos y patronal para aprovecharse a dos manos.

Lo que los correos revelan es decepcionante; además de un personaje nada ejemplar, apasionado por el lujo y la ostentación, ponen de manifiesto también una estructura interna dedicada a incentivar lo anterior. La preocupación por la bodega de los directivos y la super-bodega del presidente por parte de ejecutivos bien pagados explica que les quedara poco tiempo para el negocio, para ocuparse de la Caja.

Lo más irritante es que ocurría en una entidad fundada por un sacerdote ejemplar como el padre Piquer y regida durante siglos por personas austeras y prudentes en la gestión de los recursos de la entidad. Era una entidad financiera ejemplar hasta que llegó Miguel Blesa, hasta el traslado a la torre inclinada de plaza de Castilla. Y se convirtió en muy poco tiempo en todo lo contrario, vanidad, presunción, ostentación y, lo peor de todo, descuido del riesgo y tendencia al aventurerismo.

La lectura de los primeros correos desvelados por una investigación judicial demasiado cautelosa, y divulgados en algunos medios poco mediatizados es tan asombrosa como vergonzosa. ¿No apreciaba esta gente que especular por el correo electrónico del centro de trabajo con la calidad del caviar y la oportunidad de comprar el triple cero a precio rebajado en un mercado gris era inadecuada? ¿Cómo es que actuaban con tanta impunidad y con tan poca sensación de riesgo?

Quizá no estamos ante algo inmoral (que lo es) sino más bien amoral; seguramente ni siquiera eran conscientes de lo irregular del comportamiento. Semejantes excesos caben en la vida privada, que por eso es privada, pero no en personas con responsabilidades tan relevantes que no deberían dejarles espacio para tanta diversión de alta sociedad. Desde luego que esos correos son de interés general; los impositores de la Caja fracasada tienen derecho a saber en manos de quién pusieron la caja unos irresponsables que deberían pedir perdón por tanta ligereza. Blesa era amigo personal de Aznar, pero no fue solo por eso por lo que escaló a un puesto para el que carecía del equipamiento emocional para evitar el ridículo, la ostentación, la manipulación y el escándalo. Hay bastantes gentes desde CCOO al PP que deberían dar alguna explicación y pedir disculpas.

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