Cataluña: desavenencia al límite

Este asunto es un “demonio”, comentaba recientemente un catedrático de reconocido prestigio que trabaja en un documento sobre el problema catalán. Una conclusión significativa, el debate catalán es endemoniado, la mezcla de argumentos emocionales, históricos, políticos, económicos, tácticos… componen un mecano de muy difícil composición. Un demonio porque lo es en sí mismo y también por su naturaleza cambiante, tan pronto parece un imposible como algo verosímil aunque desastroso para todos.

Hace pocos días daba la impresión de que la apuesta secesionistas, independentista se deshilachaba, iba a menos y convenía propiciar una salida con pocos daños. Hipótesis equivocada a la vista de los hechos. El Gobierno catalán y sus aliados parlamentarios (cuatro grupos con 88 diputados, 65%, de los 135 del Parlamento catalán) ha dado un paso mayor en el camino secesionista fijando una fecha para la llamada consulta: 9 de noviembre de 2014, y dos preguntas entrelazadas, primero ser un Estado y segundo serlo independiente.

Mantener la llamada consulta o referéndum parcial es el desafío principal, lo otro es un precipitado de lo primero. Aunque algunos constitucionalistas con fundamento sostienen que se podría habilitar una vía para la consulta con mucha voluntad de consenso y complicidad, con un compromiso tácito de no llevar el tema al Constitucional; otros con no menos fuste estiman que la consulta no es posible y que el presidente Rajoy ha sido preciso y claro cuando ha dicho que “NI QUIERE, NI PUEDE” autorizar la consulta. Que no quiere es bastante obvio, lo relevante es que NO PUEDE, y esta es una afirmación que los secesionistas pueden entender y que si han decidido hacer caso omiso de ello es porque prefieren el camino de los hechos consumados y, por tanto, la confrontación.

Queda bastante recorrido por hacer. El Gobierno español llevará al Constitucional la decisión del Gobierno catalán de montar un referéndum por su cuenta, y la sentencia es previsible. La cuestión es como sigue el proceso luego, ¿tendrá que entrar en juego el 155 de la Constitución que dice:  ”Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.

Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas.

Hasta ahora no pocas personas y entidades, especialmente del mundo empresarial, se ha negado a aceptar como hipótesis, como riesgo, que el Gobierno catalán haga la consulta sin acuerdo previo con el Gobierno español; y desde luego no contemplan la hipótesis de la secesión y de la independencia de Cataluña. El argumento de fondo es unánime; sería un desastre para Cataluña y para España.

La tesis de que no habrá consulta, que es imposible, pierde fuerza; para que no la haya habrá que poner en juego más argumentos e incluso alguna decisión firme y contundente. La estrategia de la consulta es tramposa y oportunista; no hay derecho a decidir o de autodeterminación, aunque la formalización parezca muy democrática, tan bonita como inocente. No es el caso, tiene más de golpe de estado, de asalto a la legalidad, que de otra cosa. Pero todo esto hay que explicarlo, argumentar, salir al paso de las falsedades… un trabajo duro, exigente, que no se ha hecho.

Y una vez que el Gobierno catalán y sus aliados han dado el paso de formular la pregunta y poner fecha, la posición de los llamados moderados a los que apeló hace pocos semanas un editorial de La Vanguardia salta por lo aires, para dar espacio al moderantismo se requieren condiciones que ya no existen. La desavenencia ha llegado demasiado lejos, “España contra Cataluña” es una proposición desmedida, inaceptable que requiere respuesta tan contundente como la propia proposición y lo que la acompaña.

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