Tan complicado es imputar a Cristina de Borbón

La hija del Rey, por el hecho de serlo, recibe el calificativo o rango de Infanta, un título tradicional sin sustento real. La llaman Infanta pero en realidad es una señora con notoriedad, que forma parte del cuadro que rodea al Jefe del Estado, al Rey, pero que carece de derechos o prerrogativas especiales, más allá del ser hija de su padre. En teoría cuenta con ciertos derechos sucesorios, más teóricos que reales, por cuanto imaginar tanto recorrido para la Corona es poco verosímil. El Rey tiene un heredero reconocido formalmente por el Parlamento con una función muy poco definida más allá de que es el sucesor; ir más atrás en la cadena tradicional debilita el derecho de sucesión, complicando el modelo de monarquía parlamentaria que ha ido bastante bien a los españoles durante los últimos 37 años.

Por tanto la hija del Rey y su marido pueden ser duques, que este es un título honorífico sin consecuencias, que no les da ningún derecho o prerrogativa ante la Justicia o Hacienda; incluso todo lo contrario por su notoriedad deben comportarse con seriedad, ya que tienen el riesgo de ser mirados con lupa y juzgados con más severidad que al ciudadano común.

Ahora el matrimonio duques de Palma pasa por una dura prueba por sus propios errores que pueden llegar a ser delitos, y aunque algunos pretenden que el Rey ha trazado una línea roja en defensa de su hija para que no sea molestada o imputada, no parece que sea cierto. El Rey, aunque quisiera, no puede trazar líneas rojas de ese tipo y si las traza tiene muchas posibilidades de no ser obedecido.

La imputación de Cristina de Borbón por la causa iniciada y avanzada que afecta a su marido y a algunos socios es probable. Más aun, sin haber sido imputada está bajo ese síndrome y, por ello, en peor situación que si hubiera sido imputada al primer indicio. En realidad está imputada sin estarlo y el desarrollo del juicio, cuando llegue, la tendrá presente de una u otra manera.

La actual situación deja a Cristina de Borbón más indefensa que si estuviera imputada; parece estarlo y si no se concretan los cargos estaríamos ante una demostración tácita de tráfico de influencias, que cuestiona el sistema judicial y a sus protagonistas. El juez pregunta a las partes personadas en el caso, con aparente ingenuidad, si a la vista de la información disponible la llamada Infanta debería ser imputada. ¿Carece de elementos suficientes el juez para proceder a imputar (o no) a una de las personas que ha investigado a fondo y de la que tiene amplísima información para proceder?

El caso Urdangarin tiene componentes fiscales que van a complicar la vida del acusado que está muy cerca de una condena con penas de prisión efectiva, por encima de dos años. También hay mal uso de recursos públicos; tráfico de influencias… que afectan más los funcionarios públicos y políticos implicados que al principal acusado y sus socios.

Cristina de Borbón tiene muchas posibilidades de ser imputada, de prestar declaración con pena de desfile hacia el juzgado; más improbable es que tenga que sentarse en el banquillo y sufra condena; pero tal y como están las cosas todo es posible. El que tiene menos posibilidades de salir inocente es su marido que suma demasiadas papeletas como para que no le toque sentencia desagradable. Lo deseable sería que vaya rápido, por bien de todos, especialmente de la justicia.

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