Inmoralidad, síntoma de lo que nos pasa

Carlos Fabra, defraudador fiscal convicto y confeso, dice que espera no ir a la cárcel tras la condena de cuatro años por los recursos que va a imponer en todas las instancias y por alguna otra hipótesis no detallada. Tiene motivos para pensarlo ya que hay precedentes. Fabra no ha sufrido la condena de cohecho y tráfico de influencia (el fiscal pedía pena de 13 años por esos delitos) por falta de pruebas, las evidencias de mucho dinero sin explicación de procedencia y de gestiones para obtener favores no han sido suficientes.

La seguridad que exhibe el condenado y el argumento de la presunción de inocencia de algunos de los dirigentes del PP que Fabra acaba de abandonar son buena prueba del estado moral del país, de la ausencia de ética y ejemplaridad. La presunción de inocencia decae cuando hay condena, aunque sea recurrible, y sobre todo cuando las evidencias son abrumadoras. Y en este caso lo son.

La sentencia tiene su parte cómica cuando la dilación del proceso, provocado por el condenado y su defensa y de la que la magistratura sirve de eximente y reduce la condena a la mitad. Eso sí que es burlar la justicia desde los tribunales; los magistrados que firman la sentencia no deben sentirse muy orgullosos de su trabajo, ellos sabrán cómo lo explican a sus amigos.

El caso Fabra puede ser el aperitivo de lo que venga con el Gurtel, los ERE andaluces, el caso Palau y demás casos de corrupción que ocupan a los jueces en distintos juzgados e instancias. Si los hechos son graves, más lo es la complicidad de los dirigentes políticos con esta plaga, complicidad activa, sin disimulo, que arrasa la credibilidad y la confianza en la justicia y en la política.

Malos ejemplos que mellan la educación ciudadana y que invitan al ventajismo, al abuso y la corrupción como algo habitual, quizá inevitable. Una empresa multinacional anuncia la eficacia de sus productos con el menaje de que su sillón es tan cómodo que la profesora se dormirá en el examen y los alumnos podrán copiar sin preocuparse. Incitar a copiar es alentar la trampa, lo cual es muy poco moral. Y si empezamos por eso acabaremos de cualquier manera.

Sospecho que esa empresa no emite ese mismo anuncio en Suecia o cualquier otro de los países con democracias maduras y ciudadanos responsables. Quizá el ministerio de educación y los directores de los colegios han protestado, pero no tengo noticia de que haya ocurrido.

Salir de la crisis económica es posible, es probable, entre otras razones por ser socios del club de la Unión Europea, lo que no tengo tan claro es que salgamos de la crisis moral que se acrecienta por días. Los ejemplos son tan abrumadores como decepcionantes.

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