El Príncipe se fue a casa

La imprevista avería del avión del Reino de España dejó al príncipe Felipe y a sus acompañantes en Madrid, obligados a suspender su viaje comercial a Brasil por falta de transporte. Allá por el otoño de 1982 Pepe Oneto le preguntó al candidato Felipe González en una entrevista en televisión: ¿Qué es para usted el cambio?, que era el eslogan de su campaña. Sin titubear el joven socialista (tenía 40 años) respondió sin titubear: “Que España funcione”. Sin duda que esas pocas palabras le hicieron ganar unos miles de votos, ya que expresó de forma sencilla y clara la aspiración de muchos españoles, que España funcione, que sea un país fiable.

Vuelve a ser una aspiración de muchos españoles, que el país funcione, que la justicia funcione, que los políticos funcionen, que los aviones del estado funcionen. Porque se acumulan los fallos de funcionamiento en demasiadas situaciones.

El frustrado viaje del Príncipe y su séquito de empresarios, periodistas y funcionarios es más que una anécdota. ¿No había alternativa a ese avión averiado? Se puede argüir fatalidad y suma de circunstancias para impedir una agenda apretada,  frustrada por la larga noche de espera mientras los técnicos trataban de reparar el avión.

Se acumulan las frustraciones, desde el fracaso de la primera operación de cadera del Rey a la caída de la cubierta de la plaza de toros de las Ventas; de la fracasada candidatura olímpica madrileña a la desavenencia catalana, que es asunto mayor y de muy difícil recomposición, la sociedad española atraviesa por uno de esos períodos de desesperanza y baja autoestima. Se nota en las encuestas, los españoles confían más en sí mismos que en el futuro del propio país; califican como mala o muy mala la situación política y económica actual, sin expectativas de mejora en lo inmediato.

El Príncipe dijo antes se volver a casa que nunca le había pasado algo semejante, pese a que ya tiene edad y recorrido. No le falta razón, tropiezos de este tipo tienen pocos precedentes. No han faltado incidentes en estos “viajes de estado” con el Rey o el Presidente de Gobierno de turno como protagonistas, pero no recuerdo ninguna cancelación de programa. Hubo averías, retrasos, problemas con el trayecto y los permisos de vuelo, pero se pudo cumplir, aunque fuera parcialmente, con la agenda prevista.

La incapacidad para trasladar al Príncipe, solo o con parte del séquito, a Brasil indica un mal funcionamiento del Estado, incapacidad para buscar soluciones urgentes e inmediatas. Es poco creíble que no hubiera otra alternativa para atravesar el Atlántico aunque fuera con media jornada de retraso. Lo que ha acreditado este incidente es conformismo y resignación, que son actitudes muy poco compatibles con el objetivo que está pendiente de alcanzar: ¡Que España funcione!

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