El problema catalán no toca techo

El Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat (el CIS catalán) difundió estos días su último sondeo que ha producido un curioso alivio en los medios madrileños con titulares como “la independencia toca techo” a la vista de que el porcentaje de encuestados que se declara a favor de la independencia llega al 55%, cota máxima de esa opción a lo largo del último año y de la historia. Que no crezca el porcentaje alivia, aunque supone una mayoría bastante clara, ya que si descontamos los que dicen que no piensan votar, la opción independencia alcanza el 65%, mientras que los que declaran que votarían en contra no pasan del 26%.

Desdeñar la encuesta por la naturaleza del que la suscribe, un organismo público catalán, no es inteligente; hay otros sondeos de carácter privado que apuntan algo parecido. Ese es el estado de opinión en la sociedad catalana, el dato y no tenerlo en cuenta con el argumento de que ya se les pasará cuando se lo piensen no es muy razonable.

Los otros datos de la encuesta sobre intención de voto y valoración de políticos van en la misma dirección. Esquerra Republicana es el partido que goza de mayor preferencia de voto para autonómicas y muy cerca de CiU para generales. Y el bloque independista (ambos partido más la izquierda de ICV y los de la sandalia del CUP) superan el 60% en las autonómicas y el 56% en las generales. Al otro lado queda Ciudadanos, el partido resistente que supera el 10% y compete con los socialistas y los populares por el tercer puesto. Los tres partidos suman menos del 40%. Las elecciones autonómicas del 2011, hace dos años, dibujaron un mapa sensiblemente diferente, los cuatro partidos independentistas (con matices en el caso de ICV) no llegaban al 45%.

La valoración de los líderes de los partidos confirma la tendencia de intención de voto. Superan el 5 los jefes de fila de Esquerra, Cup y Convergencia y suspenden PSC (Navarro, 3,4) Albert Rivera (3,1) y Alicia Sánchez Camacho (1,9). El desplome del PP es tan severo como el de los socialistas, aunque estos últimos padecen la crisis general en mayor grado que los populares. El fracaso de la señora Sánchez Camacho a pesar del aparente apoyo que la brinda Rajoy y el PP es clamoroso, tanto que se entiende que esté buscando acomodo en las listas europeas para cambiar de ocupación.

La clarificación de la posición del PSC sobre la consulta y el apoyo obtenido por Pere Navarro en su propio partido, para alivio del PSOE, ha enfriado un par de grados a los independentistas pero nada más, la temperatura sigue en zona crítica. La posición de los socialistas, que tiene matices y grados, solo indica que hay partido, que merece la pena abrir el debate en serio de las consecuencias de la independencia porque no es una hipótesis imposible, aunque tampoco hay duda (salvo los entusiastas) de que sería una catástrofe para los dos lados, para España y para Cataluña. Pero las catástrofes también ocurren, no hay vacuna.

La estrategia de Rajoy sigue en el desdén, las propuesta de Aznar discurren por la contestación más firme y Rubalcaba predica la negociación. En resumen, mucha confusión y poca argumentación. La semana pasada el consejero de Hacienda catalán, Andreu Mas Colell estuvo en Madrid y ante un auditorio con más ausencias que presencias, reiteró que el problema no es financiero, que hay asuntos de identidad y de autogobierno que son más importantes. Un argumento que en Madrid no se entiende, entre otras razones porque escuchan poco y atienden menos. La independencia de Cataluña no es un imposible, aunque sea un disparate.