Rajoy, año III ¿más de lo mismo?

Han pasado dos años desde las últimas generales que dieron la mayoría absoluta al Partido Popular y a Mariano Rajoy. Un plazo para hacer balance que el Presidente y el Gobierno han aprovechado para felicitarse por los logros alcanzados. Ya no se habla de rescate, dice Rajoy. Pero, ¿alguna vez habló de rescate? ¿No era una palabra prohibida como lo fue crisis para Zapatero? Al otro lado de los bancos, la oposición, casi toda, propone un discurso radicalmente distinto y juzgan el desempeño del Gobierno peor aún que la opinión pública. Y ésta, a la vista de las encuestas, califica con suspenso al Gobierno y no le ven remedio para lo que queda de legislatura. Incluso sus votantes dan mala nota y una parte apreciable, quizá un tercio, advierte que no volverá a votarles.

Si los unos pecan de autoestima, los otros hacen lo contrario. Todo es excesivo. El Gobierno se ha enfrentado a una crisis económica sin precedentes, la peor que ha sufrido España durante el último medio siglo. Y además una crisis global, especialmente europea que afecta directamente a España y limita su margen de maniobra, al tiempo que proporciona estabilidad y referencias. La suerte de España no depende solo de los españoles.

Para hacer balance nada mejor que repasar el discurso de investidura que pronunció Rajoy en el Congreso el 19 de diciembre de 2011. Un discurso enérgico, frases cortas, poca literatura y un tono resolutivo, propio de personas que saben lo que pasa, lo que quieren y lo que hacen.

La realidad no ha discurrido por donde esperaba Rajoy. Aunque dijo que “sabemos lo que tenemos que hacer” es evidente que han hecho lo que no querían, tal y como suele decir Rajoy en sus comparecencias públicas, sobre todo cuando lo hace ante los suyos.

La política practicada es la que ha indicado de forma explícita, unas veces, y discreta, en otros momentos, la llamada troika o ‘directorio’ que se ocupa del plan estratégico de Europa.

El discurso de investidura definía dos objetivos: “estimular el crecimiento y el empleo” y “situar España en el mundo”; y para ello contaban con la confianza de los españoles, una mayoría absoluta para hacer un punto y aparte, para un cambio y además una oferta de diálogo a la oposición y a la sociedad.

Dos años después, el crecimiento no ha llegado y el paro ha crecido en algo más de 600.000 afectados, el equilibrio presupuestario sigue lejos y el Gobierno no ha sumado aliados ni tejido consensos. Y además, la cuestión catalana para complicar más las cosas. Pero esa es la lectura de la oposición que no quiere dar tregua al Gobierno. Es evidente que Rajoy echó muy pronto su programa electoral a la basura y se olvidó del discurso de investidura enseguida, pero no es una excepción en Europa. A sus colegas les ha pasado algo parecido, incluidos Hollande y Cameron.

La economía española está peor que hace tres años, ha retrocedido en casi todo, solo las exportaciones y la balanza de pagos muestran claros signos de mejora; pero podía haber ido peor, y las perspectivas inmediatas son mejores. La recesión ha tocado fondo y es posible que Europa y España empiecen a visualizar una recuperación “tenue y frágil”, pero recuperación.

Rajoy iniciará su año III con la mayoría absoluta intacta, con el partido mellado por sus errores, pero con un dominio absoluto por su parte. Puede cambiar el Gobierno para que gane él solvencia y competencia, y para abordar otros dos años decisivos para recuperar crecimiento que cree empleo, y revertir las expectativas electorales que en estos momentos le dan ganador con insuficiente mayoría, lo cual significa perdedor.

Rajoy año III necesitaría recomponer sus fortalezas, mejorar el equipo, pero nada indica que vaya a hacerlo. Pero como insiste en que le gusta su Gobierno, pudiera ser que empiece a darles las gracias por los servicios prestados. El gallego es inescrutable, pero tiene nariz y sabe leer las encuestas. Y éstas piden cambios de calado.

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