La cocina electoral echa humo

El barómetro del CIS de octubre con preguntas sobre intención electoral abre el menú electoral cuyo aperitivo son las europeas de junio. El PP sentó las bases de su actual dominio en las europeas del 2009 que ganó con casi cuatro puntos de ventaja sobre los socialistas, que estaban en el gobierno (42,3% y 24 eurodiputados frente a 38,6% y 23 asientos del PSOE). Aquella fue la primera victoria de Rajoy, cinco años después de su ascenso por designación a la jefatura del partido. Desde entonces van cinco años de éxitos electorales crecientes de Rajoy con la mayoría absoluta del 2011 como premio gordo.

Los socialistas se han estabilizado en su decadencia con la peor intención de voto de su historia, por debajo del 30% (menos que en 1997) que les condena a ser los primeros de la oposición; pero el PP sufre un desgaste espectacular con la pérdida de un tercio de sus votantes del 2011, como destacaba El Mundo el domingo. Una pérdida que amenaza su futuro y que se asienta en previsibles fracasos en Madrid, Valencia y Andalucía, además del habitual en Cataluña.

En auxilio de Rajoy llegaron los cocineros del CIS este mes con una estimación de voto para el PP del 34,5%, diez puntos menos que en las últimas generales, pero casi diez puntos más que la estimación para los socialistas, que supone bálsamo para los dirigentes populares, ya que permiten mantener expectativas. El sondeo de Metroscopia para El País publicado con exquisita discreción en el diario (“Desplome del PP y PSOE ante las elecciones europeas” fue el título en primera página a una columna por abajo) arruina las expectativas populares y refuerza la hipótesis de “temas”, la revista socialista, que sostiene que las estimaciones de voto dan empate. Y empate es el resultado de la encuesta de Metroscopia: 29% para el PP y 28% para el PSOE. Un resultado decepcionante para los dos, pero más para los primeros que para los segundos.

Carlos Castro, el periodista más experimentado en análisis electorales y sondeos, tras hurgar en el barómetro del CIS concluía el domingo en La Vanguardia: “pesadilla en la cocina” con tres versiones, la de la intención directa de voto, la del voto más simpatía, y la que añade además el recuerdo de voto, que contiene las especies decisivas para dar sabor al guiso. De ese último cálculo salió el plato del CIS con el 34,5% PP versus 25% del PSOE.

Castro propone que sin las especias del recuerdo de voto, con el voto más la simpatía, el PP no llega al 24% mientras que el PSOE roza el 29%, de manera que no es que el PSOE haya vuelto, sino que además está vivo y coleando. Rajoy y Rubalcaba conocen al dedillo los sondeos y que saben interpretarlos como pocos porque llevan toda la vida en eso. Lo cual explica los cambios de estrategia que se perciben en ambos dirigentes y que serán más explícitos a comienzos de año, cuando el horizonte electoral se adueñe de las decisiones.

Los dos grandes partidos están hundidos por debajo del 30%, lo que acaba con el bipartidismo y abre otra forma de hacer política, con alianzas mucho más abiertas, una habilidad que está más al alcance de Rubalcaba que de Rajoy. La baza de los populares está en la economía, concretamente en que las hipótesis Montoro se confirmen y la recuperación se traduzca en creación neta de empleo la próxima primavera.

Las cocinas electorales echan humo, los expertos prueban nuevas especias y tratan de dar con la pócima mágica que otorgue poderes renovados. En resumen tiempos nuevos e inciertos.

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