Indultos como complicidad con la corrupción

El presidente del BBVA reclamaba hace pocos días un compromiso político contra la corrupción, a renglón seguido de proponer que con las debidas reformas, que requieren coraje y autoridad, el economía española podría crecer al 2 e incluso al 3% con carácter inmediato, el año 2014. La idea es sugestiva, semejante crecimiento resuelve buena parte de los problemas económicos actuales.

Casi simultáneamente el “Círculo Cívico de Opinión”, entidad de creciente creación, promovida por profesionales de distintos ámbitos y sensibilidades (http://www.circulocivicodeopinion.es/) emitió un documento titulado “Por un compromiso nacional de regeneración democrática” con una análisis severo de la situación en el que entre las propuestas de medidas urgentes señalaban: “… tolerancia cero contra la corrupción en todas sus formas, la corrupción de alta intensidad (como la manifestada en el caso Bárcenas o en los ERE de Andalucía) y la de baja intensidad que afecta a los políticos e incluso a la misma ciudadanía. La segunda es caldo de cultivo de la primera. Un compromiso ético que rechace tanto cobrar sin IVA o no pagar impuestos, como las donaciones y subvenciones sin control”.

Las encuestas del CIS sitúan entre los principales problemas que preocupan a los españoles la crisis política y la corrupción. En los discursos de los jefes de los partidos y del Gobierno aparece la palabra corrupción y unas cuantas palabras de condena, pero la realidad es que amparan a sus corruptos, y condenan a los del adversario. La respuesta a la corrupción apenas llega a un susurro, ni reconocimiento, ni enmienda, ni escarmiento.

El caso Bárcenas se irá desinflando con el paso del tiempo y con ausencia de figuras penales que compliquen la vida del PP; y los ERES sufrirán anomalías procesales por una instrucción más ambiciosa que efectiva. Y otro tanto para el caso Palau que puede quedarse en la periferia de CDC, en el tesorero con todos los poderes que falleció. La sensación de impunidad es real y justificada. Y si en última instancia hay sentencias con condenas, queda el recurso del indulto que alienta el encubrimiento.

El caso del exalcalde de Torrevieja, un político menor, pero condenado en firme, por lo de siempre (contrato de basuras, en este caso) proporciona un ejemplo desolador. Sus compañeros de partido (y de fechorías en algunos casos) diputados en la Asamblea valenciana firman un escrito pidiendo el indulto que evite la condena a tres años de prisión. Hasta 45 de los 54 diputados del PP valenciano han firmado el escrito (incluso dicen que alguno de la oposición también firmaría) pidiendo el indulto.

Argumentan que el condenado, alcalde y diputado durante más de dos décadas, tiene un marcapasos, como si eso le hiciera acreedor de lástima y perdón. Hay que tener caradura y poco sentido de la decencia para semejante proceder. Y los jefes políticos callados, para no alborotar el gallinero y no excitar una espiral de confesiones que destape lo que sigue tapado.

La iniciativa pro-indulto no ha gustado a jefes del PP en Valencia y en Madrid, pero apenas se percibe el disgusto. No es probable que haya indulto, peor algo parecido puede ocurrir si consiguen cierta discreción.