La huelga desborda al Ayuntamiento

La sociedad española está vacunada de huelgas, han sido muchas a lo largo de los últimos treinta años que en determinados momentos pusieron en jaque al Gobierno; pero han ido haciendo callo y últimamente dolían menos. La huelga general del 14 de diciembre de 1988 golpeó duro a Felipe González que inició una larga decadencia; también al Gobierno socialista. Aznar también salió tocado de su huelga general, que de hecho fue un fracaso pero paralizó una reforma laboral y provocó un cambio de Gobierno que no venía a cuento. Las huelgas generales posteriores contra Zapatero y Rajoy no dejaron huella. Pólvora húmeda.

Y hubo también huelgas sectoriales y locales, de servicios públicos básicos, que dejaron huella y forzaron cambios. Por ejemplo la de la EMT en Madrid, las del Metro o las de las reconversiones siderúrgica y naval. La banca también atravesó por algún conflicto muy duro que sirvió de vacuna para que no volviera a repetirse.

La huelga de basuras en Madrid va a dejar heridas; de hecho coloca otra marca de mala reputación de Madrid de la que se hacen eco la opinión pública y los medios internacionales. Al Ayuntamiento se le ha ido el tema de las manos, no ha sabido entender ni dimensionar el problema. Donde había oportunidades ha incurrido en riesgos.

La oportunidad era renovar los contratos de servicios de la capital para acercarse a la modernidad que requiere el siglo XXI, lo cual pasa por concentrar contratos, mejorarlos, introducir nuevas tecnologías… en resumen proponer un modelo de ciudad sostenible, eficiente. Y el riesgo era renovar contratos a la baja con riesgos de conflicto social y sin ventajas comparativas de calidad respecto al pasado.

Que el primer concurso quedara desierto fue una mala señal, indicaba improvisación y errores de cálculo. La renuncia a una pedagogía ciudadana para implicar a los madrileños en la modernización de los servicios públicos, tampoco es buena señal.

El resultado final es malo para todos, para los ciudadanos y para el ayuntamiento, para los contratistas y para sus trabajadores. El Ayuntamiento está desbordado y fracasado; la fallida apuesta por los Juegos Olímpicos acreditó la ausencia de realismo y la incapacidad de gestionar la frustración posterior. ¿Cómo quieren que sea Madrid dentro de 20 años? El anterior alcalde hizo grandes obras de infraestructuras (la calle 30) con rescate del río incluido; apostó por la cultura pero sin un proyecto atractivo y compartido. Y poco más, Madrid es un gran mercado, una ciudad acogedora, peor con alguna sobredimensión y muchas ausencias. La huelga de basuras deja al ayuntamiento demasiado sucio, demasiado tuerto y demasiado débil. Será una huelga con consecuencias, que indica retroceso y decadencia.

fgu@apmadrid.es