Cajas: irresponsables muy bien pagados

El paso por comisiones parlamentarias, nacionales o autónomas, o por algunos tribunales de Justicia de directivos de cajas de ahorro, presidentes o directores generales es desolador. Todos se sienten víctimas de la crisis, todos endosan a la economía en general o a los supervisores la responsabilidad de unas pérdidas colosales. Y todos defienden que sus sustanciosas retribuciones eran las correctas, las pactadas y aprobados por los consejos (que ellos manejaban).

El desfile de los directivos de la segunda caja catalana (Caixa Catalunya) por la comisión abierta en el Parlamento catalán resulta tan decepcionante como la de los directivos de Bankia o los de la alicantina CAM que pasa por ser la peor de las peores cajas caídas. Si la CAM era la peor (como señaló en público el anterior gobernador del Banco de España) la caja catalana compite por ser la siguiente en el ranking.

Sin embargo sus directivos de las dos últimas décadas no se enteraron; uno ha dicho que se siente responsable del 5%, es decir de casi nada (o de mucho comparado con los demás), otro dice ahora que le pareció “repugnante” emitir preferentes desde las Islas Caimán con autorización del Banco de España y la CNMV. ¡Hay que tener poca vergüenza!

El argumento de esta panda de incompetentes bien pagados es que son las autoridades, los supervisores, los responsables del desastre. Si las decisiones son del supervisor ¿cómo explican sus retribuciones, propias de gestores muy avezados, experimentados y competentes? “Ande yo caliente, ríase la gente”. A estas personas la suerte de cada caja les importaba una higa, no era suya, se preocupaban del corto plazo, de cobrar pronto, de atesorar, de hacer negocios vinculados en muchos casos, y de buscar protección política.

Las explicaciones que van dando en las investigaciones les acredita como unos irresponsables, además de incompetentes. No todas las cajas y bancos han ido mal, han sido las más politizadas y menos profesionalizadas las que estuvieron al borde de la quiebra y han requerido decenas de millones de euros para evitar que los depositantes se vieran afectados por la inepcia de estos caraduras que tratan de endosar a terceros las responsabilidades. Pocas veces tan pocos y tan irresponsables han provocado un desastre financiero semejante. A los tribunales corresponde que esta gente no se vaya de rositas.

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