Ni atrición, ni contrición, ni propósito de enmienda

El debate del 1 de agosto será áspero y probablemente inútil. Cada uno llevará su relato para satisfacer a su parroquia. El Presidente hará un ejercicio retórico, con más o menos ingenio, dedicado a mitigar daños. El formato del debate le va bien, parecido a los plenos sobre la política europea, que son más que la sesión semanal de control y menos que el debate sobre el estado de la nación. Unas horas de debate con el Gobierno en posición serena y dominante; basta con no cometer errores.

En el Partido Popular confían en la experiencia del Presidente, parlamentario fogueado, para pasar la prueba con pocos daños. A favor tiene la ventaja del procedimiento y sobre todo la mayoría absoluta. El riesgo es que los grupos le saquen de la pista, que no es probable. Para facilitar las cosas el gobierno ha propuesto un debate sobre la “situación económica y política” que permite al presidente repetir el guion del “estado de la nación”, cuando presentó los escándalos de corrupción como algo que ocurre en los países del entorno. Es verosímil que Bárcenas no aparezca en el discurso inicial, aunque la oposición compensará la ausencia. Y el gobierno señalará a los demás los otros escándalos de corrupción en curso.

Por lo visto y oído el presidente del Partido Popular no siente ni “atrición”: pesar por haber ofendido y temor por las consecuencias), ni “contrición”: arrepentimiento por una culpa asumida; ni “propósito de enmienda”, que suele ser condición necesaria para el perdón. Y sin esos tres pasos esta historia tiene poco recorrido. En el PP no hay conciencia de culpa, no están dispuestos a reconocer ni irregularidades, ni ocultaciones, ni contabilidad B… todo es mentira. Solo admiten error en la selección del tesorero, algo que le pasa a cualquiera.

Queda por ver cuántas balas de plata u oro guarda el tesorero en sus carpetas y cuando y como las va a utilizarlas. El tráfico de mensajes subterráneos a través de personas autorizadas u oficiosas es intenso y los argumentos artificiosos están a la orden del día. Serán diez días de artillería graneada en los medios para ablandar a unos u otros, quizá con alguno efecto especial de última hora o posterior para iluminar las vacaciones de agosto.

Todos los implicados dejarán plumas en este debate, pero mal de muchos consuelo de tontos, el típico dilema del prisionero, que arruina el futuro de todos los implicados, pero que se toma su tiempo. El supremo ha rectificado al tribunal superior balear en el caso matas, aviso a navegantes para que las instrucciones y las sentencias sean muy cuidadosas y exigentes con los juzgadores, más aun que con los acusados.

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