Las élites extractivas y el caso Álvaro Lapuerta

El economista turco-americano Daron Acemoglu, profesor del MIT, acuñó el concepto de “élites extractivas” para describir el modelo de sociedades poco maduras, incluso democracias débiles, en las que una minoría se aprovecha de las rentas de la mayoría sin mejorar el conjunto. Se contraponen a las sociedades con “élites inclusivas” que contribuyen al progreso. El concepto ha hecho fortuna, se explica en detalle en un libro de éxito publicado el año pasado, ‘Por qué fracasan los países’, escrito por  Acemoglu y James Robinson.

Minorías extractivas fueron en la Restauración (1875-1931) los caciques, que caracterizaron el período hasta agotar el modelo. Y en “minorías extractivas” se están convirtiendo las cúpulas de los partidos en la actual democracia española, que muestra también signos evidentes de agotamiento e incompetencia, aunque saben defender con fuerza sus privilegios en Andalucía, en Valencia, en Madrid, en Barcelona… con Correas, EREs e ITVs.

El caso del extesorero del PP Álvaro Lapuerta (1927), visible estos últimos tiempos tras décadas de discreción pero formando parte siempre del tinglado político, es elocuente del comportamiento de los “extractivos”. Del señor Lapuerta se ha dicho que es un caballero, rico por casa y persona de fiar; tanto que Fraga  y Aznar le confiaron la caja del partido tras unos precedentes peligrosos. Abogado del estado desde los años cincuenta, Lapuerta ha vivido siempre bajo el paraguas de la política. Fue procurador en las Cortes franquistas (tercio familiar por Logroño de 1967 a 1977) y también Consejero del Reino, órgano singular del franquismo que tenía la misión de proponer terna para presidir el gobierno.

A la fase pre-democrática Lapuerta llegó con la familia de Silva Muñoz (también abogado del estado) que conformó con otras familias del régimen anterior, la primera Alianza Popular. Fue diputado de la constituyente por AP y luego de la II a la VII legislatura (de 1982 a 2004) bajo la marca del PP con Fraga y con Aznar. Discreto pero eficaz, con entrada en los despachos importantes y capacidad para pedir y cumplir encargos. “Álvaro ha sido muy insistente…” se excusaba Rajoy cuando algún enterado mostraba sorpresa por los colocados por Lapuerta.

Entre esos colocados destaca la actual diputada (y concejal por Madrid) Carmen Rodríguez Flores, cuyo principal mérito es ser muy amiga y muy protegida de Lapuerta. Enchufismo, caciquismo… “élite extractiva” y abuso del presupuesto. El señor Lapuerta podría hacer regalos a su amiga con su propio patrimonio pero prefiere endosar el coste de la amistad al Presupuesto. Y el caso puede que haya ido mucho más lejos.

Así es el comportamiento de “elites extractivas”, que se aprovechan de las rentas de la mayoría y perjudican el común. Robar es un delito, el abuso de poder y el tráfico de influencias también. Este caballero, abogado del Estado, tan fiable como para encargarle la peligrosa caja de caudales de un partido de gobierno, da la medida de la moral dominante: bajita, bajita; muy extractiva.  El caciquismo y la arbitrariedad arruinó la Restauración de 1876 y se llevó por delante la monarquía; la corrupción y el tráfico de influencia de influencia puede hacer otro tanto con la Constitución de 1978 y lo que representa. Dominan los “extractivos” y les va bien.