Astilleros, renovables… de aquellos polvos estos lodos

Los negocios pegados al poder, al BOE y a disposiciones ad hoc, suelen ser provechosos para quienes los consiguen y, en ocasiones, para los que les otorgan pero en muchos acaban como el rosario de la aurora, con costes extraordinarios que suelen ir contra el común, contra el contribuyente. En caso de algunas las energías renovables se roza el esperpento. Algunos pretenden compararlo a las preferentes de las cajas pero hay diferencia ssustanciales.

Las primas energéticas a cuenta de la tarifa (aunque acabarán pasando factura al contribuyente una vez que los usuarios no soporte más costes) es un caso de libro: el BOE otorga unas garantías de rentabilidad de dos dígitos que atraen a gente nada inexperta que entiende de rentabilidades y de cazar oportunidades. Cuando los campos solares o fotovoltaicos se convirtieron en “producto financiero” para inversores espabilados que buscaban rendimientos de dos dígitos (con garantía en el BOE) algo olía a podrido. Y cuando las siembra de ese producto desbordaba las previsiones (¡un chollo!, como deuda del estado pero al triple de rentabilidad), nadie puso pies en pared para parar el disparate.

El problema está servido; son decenas de miles de millones de euros los que están en juego; los inversores temen perder la rentabilidad y, en algunos casos, el principal, que financiaron con créditos. Los colocadores del “exclusivo y apetecible” producto ya han cobrado jugosas comisiones de manera que el buen fin de la aventura les trae sin cuidado.

Un caso semejante es el de los subsidios a la construcción naval disfrazados de beneficios fiscales a armadores improvisados, metidos a cazadores de bonificaciones inmediatas pero poco interesados en el negocio de los barcos. A eso se llama capitalismo de amiguetes, también capitalismo castizo, el de la de picaresca y el oportunismo. Y eso se entiende mal en Europa, tanto que los expedientes suelen ser concluyentes obligando a deshacer el enredo.

Ante ese riesgo los cazadores de ventajas a través del BOE enarbolan la bandera nacional, el patriotismo del provecho propio, la comparación con terceros y la advertencia del fin del mundo. Todo con la misma matriz, opacidad, ventajismo, abuso del BOE y afición por los negocios con beneficios garantizados por el Estado.

Para disimular esgrimen razones contundentes: el empleo, la subsistencia de un sector, el interés nacional…pero en el fondo aparece la caja negra del subsidio y el oportunismo, los negocios en la trastienda con el contribuyente como pagador final. Para evitar otros males, conflictividad, titulares, buscan apaños y falsos culpables.

La foto del ministro de Industria y de los presidentes de Asturias, País Vasco y Galicia en defensa de los subsidios navales de los que se beneficiaron gentes ajenas al negocio, cazadores de subsidios que tiran la piedra y esconden la mano.

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