Entre Floriano y Quiroga toda la gama cromática

Entre el señor Floriano, portavoz oficial del Partido Popular, y la señora Quiroga, presidenta del PP vasco, media un océano a la hora de valorar el llamado caso Gürtel y su efecto en el PP. El portavoz ve una “causa general” una conspiración para acabar con el partido que gobierna España; la presidenta está asqueada del comportamiento de algunos compañeros atrapados en el caso, sin citar nombres, que se puede quedar en los tesoreros o ir más allá.

En medio Rajoy, el proto-presidente que a chita callando acumula más poder que sus predecesores administrando silencios con imponente racanería. ¿Qué piensa Rajoy de Gürtel? Lo que ha dicho hasta ahora ha sido poco, que van contra ellos, que nunca encontrarían nada contra Bárcenas o contra el PP o que ya veremos, que los demás si tienen condenas firmes y ellos no. Su antiguo jefe, el presidente Aznar, piensa distinto, considera que el caso se le ha ido de la mano y de control a su sucesor; que él gestionó con habilidad y eficacia el caso del tesorero anterior, el de Naseiro, cerrado con candado antes de acumular legajos, informes e investigaciones.

Floriano y los inquilinos de Génova están por el encubrimiento, por negar, por tapar y pasar página. La presidenta del partido en el País Vasco, que no forma parte del tinglado sufre cada día por las trapisondas del partido y no se explica que no haya forma de poner punto final y de hacer pagar a los culpables.

A los socialistas les pasó algo parecido y como no acertaron con el tratamiento quedaron marcados para mucho tiempo. El propio Felipe González reconoce ahora que pagaron la factura por sus torpezas y aprendieron, aunque a la vista de los EREs andaluces no está claro que así fuera.

El caso Gürtel va de mal en peor para el PP; cada vez se destapan hechos y datos más odiosos que, al margen de responsabilidades penales ponen de relieve una administración desastrosa del partido, dominado por una panda de aprovechados mentirosos que se llevaron todo lo que pudieron con malas mañas.

El problema es que la cúpula del partido está contaminada por los hechos y por los encubrimientos. El mayor error es no haberse adelantado a los acontecimientos, reconocido una administración poco diligente y liberalidades excesivas que se complican cuando se encubren. Rajoy es de los que prefieren esperar y ver mientras escampa y maniobrar por abajo para evitar males mayores. Pero las cosas han ido demasiado lejos y el descarrilamiento de la instrucción es cada vez menos probable, más arriesgado.

Berlusconi lleva 25 años resistiendo a la justicia, pero sus bazas se acaban y el fin de su modelo puede estar próximo. Por el camino se han liquidado buena parte de los partidos de la República que gobernaron medio siglo en Italia. Aquí puede pasar algo parecido si domina la estrategia Floriano en demérito de Quiroga. Rajoy tiene la palabra decisiva y corre el riesgo de pasar y esperar.

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