Dos estocadas a la “marca España”

El ministro de Exteriores sostiene la idea de la “marca España” como uno de los soportes de la política exterior; un proyecto que nace del marketing que sirve para las empresas mercantiles y para otras aventuras comerciales pero que quizá tiene una aplicación más complicada en el caso de los países. En cualquier caso lo que ayude al prestigio de España será bueno para todos, especialmente en este mundo globalizado y con intercambios crecientes que otorga creciente valor a los intangibles, a la reputación y el prestigio, que se construyen lentamente y se destruyen en un instante.

España hizo una transición a la democracia y al proyecto europeo ejemplar, y ha fracasado en la maduración democrática tanto que ha perdido reputación a chorros. La estrategia de Exteriores trata de taponar la brecha. Otra cuestión es si está correctamente planteada. Sesiones como la de hace unos días en Bruselas con tapitas y flamenco ante la colonia española en la plaza es como verter calderos de agua en el mar.

La corrupción rampante que llena las páginas de los diarios españoles y alcanza a los europeos no ayuda a la marca España, todo lo contrario. Y la ausencia de respuesta a los escándalos desde el Gobierno y el parlamento no ayuda, todo lo contrario.

Entre los elementos destacados de la llamada marca España cuenta la figura del Rey y de su entorno. No va bien y aunque es una de las instituciones que trata de rectificar la tendencia y la única que ha pedido perdón por su comportamiento apenas avanza en la corrección. Lo que afecta a la Corona afecta a España. La lenta evolución del caso Nóos que protagoniza el yerno del Rey es uno de los factores críticos de este proceso. Y en su desarrollo hay efectos colaterales desastrosos.

Estos días el caso Nóos se ha llevado por delante la reputación de la Agencia Tributaria y, de paso, del sistema de registros y fe pública que data del siglo XIX y que ha sido puesto como modelo para otros países, para democracias nacientes que necesitan instrumentos como el tributario y la garantía de propiedad.

Tanto la Agencia Tributaria española tiene ganado prestigio por disponer de un sistema eficiente de funcionamiento. Es cierto que hay un problema crónico de fraude fiscal, pero la Agencia cuenta con herramientas cualificadas que copian otros países. Y otro tanto ocurre con los registros de la propiedad españoles, que muchos toman como ejemplo.

Todo esto está en cuestión por un informe descuidado sobre hipotéticas ventas de la infanta Cristina que resultan inverosímiles a primera vista. Se trata de una manipulación (sería grave) o de un error administrativo, que también es grave. Y entre lo peor está la indiferencia del ministro de Hacienda, ocupado en vender optimismo, que no se da cuenta de que por la gatera se le va el prestigio de instituciones que hasta ayer funcionaban bien. El caso de las fincas atribuidas a la infanta Cristina le hace un agujero a la marca España que arruina el trabajo de los últimos meses.

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